Segunda hija de los reyes de España, la infanta Cristina, que se convirtió en el primer miembro de la realeza española imputado en un caso de presunta corrupción, se desmarcaba por su imagen de princesa moderna. La imagen de desenfado y afabilidad de esta rubia y sonriente infanta de 47 años ya había comenzado a resentirse desde que su marido, Iñaki Urdangarin, fue imputado por presunta malversación de fondos públicos en el denominado “caso Nóos”.
“El deterioro de la imagen de la infanta Cristina no tiene vuelta de hoja, al menos en mucho tiempo”, explicaba, ya antes de la imputación, el profesor de Historia Contemporánea de la Universidad Complutense de Madrid Emilio de Diego.
“La infanta Cristina siempre fue la hija díscola de la familia, creo que por ahí empezaron algunos de los errores del monarca en el plano familiar”, por ejemplo “tolerar que ingresara en una entidad privada como La Caixa sin renunciar a su carácter de infanta”, añadía. El “caso Nóos” dañó gravemente la popularidad de la Casa Real y la de la princesa, diplomada en ciencias políticas.
Hasta hace poco vinculada con actividades culturales, sociales y de carácter asistencial, fue directora del Área Social de la Fundación La Caixa, en Barcelona.
También rompió la imagen de esposo modélico que desde su suntuosa boda el 4 de octubre de 1997 tenía Urdangarin, actualmente apartado de los actos oficiales de la familia.
Fue al contraer nupcias cuando el rey Juan Carlos I concedió el título de duquesa de Palma a su hija, séptima en la línea sucesoria detrás del príncipe heredero Felipe y sus dos hijas, y de su hermana mayor, la infanta Elena y los dos hijos de ésta.
Nacida el 13 de junio de 1965 en Madrid y gran aficionada al deporte, especialmente a la vela, Cristina conoció a Urdangarin en los Juegos Olímpicos de Atlanta de 1996, en los que éste ganó la medalla de bronce con la selección española de balonmano. “Le gustan los hombres musculosos, deportistas, altos y sexys”, aseguraba el escritor Andrew Morton, biógrafo de Lady Di, que acaba de publicar el libro “Ladies of Spain. Sofía, Elena, Cristina y Letizia: entre el deber y el amor”. “Es enormemente competitiva y obstinada”, añade Morton, que afirma que fue Cristina quien tomó la iniciativa de cortejar a Urdangarin.
En 2009, Cristina, que repartía su tiempo entre su familia y sus numerosas actividades institucionales y culturales, no dudó en mudarse con su familia a Washington, donde Urdangarin fue nombrado consejero del gigante español de las telecomunicaciones Telefónica. Fue allí donde les sorprendió el escándalo Nóos, en el que primero fue imputado su esposo, quien declaró por primera vez ante el juez a finales de 2011, sospechoso junto a un ex socio de haber desviado dinero público.