Un antiguo grupo de cacería dejó una señal permanente de su excursión, y no hablamos de latas vacías de cerveza. Decenas de huellas humanas de 1,5 millones de años podrían ser evidencia de una cacería primitiva de antílopes en Kenia, ofreciendo una rara mirada a la vida de los humanos primitivos, informaron investigadores en una conferencia celebrada en California.
Las huellas son las más raras de las reliquias humanas. Tienden a erosionarse muy rápido; solo las mejores condiciones las conservan durante miles o millones de años. Pero, al contrario de las colecciones de huesos y herramientas (difíciles de vincular a un individuo o grupo), las huellas ofrecen una radiografía de la vida diaria.
A finales de la década del 2000, investigadores que exploraban el área cercana a Ileret (pueblo del noroccidente de Kenia) en busca de huesos humanos y herramientas se toparon en cambio con una colección de 22 huellas humanas.
Su publicación del descubrimiento en la revista Science, en 2009, se enfocó en la anatomía de la gente que dejó su pisada: individuos altos, probablemente pertenecientes a la especie Homo erectus, que caminaban de forma muy parecida a los humanos modernos (Homo sapiens).
Pero Neil Roach, paleoantropólogo del Museo Americano de Historia Natural, en Nueva York, vio las huellas como oportunidad para echar un ojo a la vida diaria del Homo erectus.
Sus colegas y él regresaron a Ileret para analizar más las huellas y para buscar más. Actualmente han encontrado alrededor de 100, divididas en varios grupos, que probablemente fueron dejadas el mismo día.
Roach dice que las huellas representan grupos de múltiples individuos y no de excursionistas separados. El tamaño de las huellas apunta a hombres adultos, dijo ante la reunión anual de la Sociedad de Paleoantropología, en San Francisco.
Una dirección
Para darse mejor idea del propósito de estas excursiones, Roach y sus colegas analizaron las huellas de otros animales, incluyendo cocodrilos, antílopes y otros bóvidos, y de aves como cigüeñas y pelícanos. La mezcla sugiere que estos humanos antiguos caminaban junto a un lago protegido por pastos, afirma Roach.
Y al contrario de los bóvidos come pasto, cuyas huellas tendieron a ir desde los pastizales hasta la costa del lago, todos los humanos caminaban en una dirección sobre el lago, de forma similar al movimiento de otros animales de caza.
Roach y su equipo proponen que las huellas representan grupos de cacería de antílopes y ñus. “Lo que podemos decir es que tenemos un número de individuos, probablemente hombres, que se movían sobre la costa de un lago en una forma consistente al modo en que se mueven los carnívoros”, indica.
Los investigadores ahora tienen planeado estudiar los patrones de movimiento de los cazadores de subsistencia actuales en África para darse mejor idea de cómo son sus huellas. “La cacería es algo difícil de demostrar en la evolución humana”, considera Roach. La presencia de numerosos hombres adultos también señala cierto nivel de cooperación.
Otra evidencia sugiere que el Homo erectus (antecesor del moderno Homo sapiens) era más depredador que sus ancestros, quienes pudieron haber carroñado la carne que se comían. Las herramientas de piedra y los huesos con marcas de corte se vuelven más comunes en el registro arqueológico luego de hace aproximadamente 2 millones de años (cuando emergió el Homo erectus).
Y algunos investigadores han especulado que sus esbeltos cuerpos les ayudaron a seguir la pista de presas de rápido movimiento, mientras que los prominentes cerebros demandaban montones de calorías.
“Empieza a haber consenso en el sentido de que hace aproximadamente 2 millones de años vemos más carnívoros, lo que tiene que ver con la cacería”, apunta Roach.
“Quién sabe qué están haciendo aquí”, dice Curtis Marean, un paleoantropólogo de la Universidad del Estado de Arizona, en Tempe. “Podría ser un grupo de caza, pero también podría ser recolección junto al lago”, afirma. Algunas plantas de la costa producen bulbos nutritivos con los que los dueños de las huellas podrían haberse dado atracones.
Pero Marean piensa que Roach y su equipo tienen una buena idea al usar las huellas para estudiar la vida diaria. “Es una pieza de información completamente novedosa”, dice. “Pienso que es una forma verdaderamente interesante de comprender qué hacían antes las comunidades”, agrega.