El presidente Barack Obama y el primer ministro de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, prometieron ayer mantener la presión sobre el régimen de Bashar al Asad, aunque advirtieron que no hay una salida fácil al prolongado y sangriento conflicto en Siria. “Me reservo la opción de tomar medidas adicionales, tanto diplomáticas como militares”, señaló Obama.