20 de agosto de 2026 - 20:35

Un grupo de científicos suecos encontró salmones "pasados" de cocaína y plantas con altas dosis de cafeína: cuál fue la explicación

Los científicos advierten que estos cambios de comportamiento pueden alterar las cadenas alimentarias.

Científicos detectaron un grupo de salmones en las frías aguas del lago Vättern, en Suecia. Su comportamiento debería responder a patrones relativamente previsibles: desplazarse, alimentarse y evitar a los depredadores. Sin embargo, alrededor de un centenar de ejemplares comenzó a comportarse de una manera inesperada.

Nadaban durante más tiempo, recorrían mayores distancias y asumían conductas más arriesgadas. No estaban enfermos ni habían sido afectados por un parásito capaz de convertirlos en una suerte de “zombies”. La explicación estaba en una sustancia presente en sus organismos: un metabolito de la cocaína.

Los peces formaban parte de un experimento pionero destinado a estudiar cómo las drogas que consumen los seres humanos pueden terminar afectando a la fauna acuática. El origen del problema no estuvo en un vertido accidental, sino en un proceso mucho más cotidiano: las sustancias que nuestro organismo no metaboliza por completo pueden eliminarse a través de la orina, llegar al sistema de saneamiento y, finalmente, alcanzar ríos, lagos y otros ambientes acuáticos.

Aunque las concentraciones detectadas son demasiado bajas para representar un riesgo directo para las personas, distintos estudios científicos muestran que pueden producir modificaciones relevantes en el comportamiento de algunas especies.

Los salmones expuestos a cocaína nadaron más y se alejaron más

El estudio, publicado en Current Biology, analizó los efectos de la benzoilecgonina, el principal metabolito de la cocaína que produce el organismo después de consumir esta droga.

Los resultados mostraron diferencias llamativas entre los peces expuestos y aquellos que no habían recibido la sustancia. Los salmones sometidos al metabolito llegaron a recorrer hasta 1,9 veces más distancia por semana y se dispersaron hasta 12,3 kilómetros más que los ejemplares del grupo de control.

El hallazgo resulta especialmente relevante porque se trata del primer trabajo de este tipo realizado con animales en un entorno natural, en lugar de limitarse a las condiciones controladas de un laboratorio.

Marcus Michelangeli, coautor de la investigación, explicó que la fauna silvestre ya está expuesta diariamente a una amplia variedad de sustancias farmacológicamente activas producidas por los seres humanos.

La alteración del comportamiento puede parecer inofensiva a simple vista. Un pez que nada más rápido o recorre una distancia mayor no necesariamente presenta signos visibles de enfermedad. Sin embargo, en un ecosistema, modificar los patrones de desplazamiento puede tener consecuencias mucho más amplias.

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