Cada vez más especialistas recomiendan incorporar los ejercicios de fuerza como un hábito de cuidado de la salud, junto con una alimentación equilibrada, la protección solar y los controles médicos periódicos. La recomendación adquiere especial relevancia a partir de los 40 años.
Esta es una etapa en la que los cambios hormonales pueden comenzar a influir sobre los músculos y los huesos y, en consecuencia, sobre la forma en que el organismo atraviesa el envejecimiento.
Estos son tres ejercicios que evitan el deterioro cognitivo
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Sin embargo, desarrollar fuerza no es suficiente. Según Javier Butragueño, doctor en Ciencias de la Actividad Física, hay tres movimientos que las mujeres deberían incorporar a partir de los 40: remo, sentadillas y saltos.
La importancia de los saltos después de los 40
Los ejercicios de impacto suelen quedar relegados a medida que pasan los años. Sin embargo, Butragueño destaca la importancia de mantenerlos dentro de la rutina, siempre adaptándolos a la capacidad física de cada persona.
Los saltos permiten trabajar la potencia, la velocidad de reacción y las fibras musculares rápidas, capacidades que tienden a deteriorarse con la edad.
Los tres ejercicios que conviene incorporar
Estos movimientos pueden distribuirse durante la semana e incluirse en distintas sesiones de entrenamiento.
1. Remo con banda elástica
El remo fortalece principalmente la espalda y puede ayudar a mejorar la postura. No es necesario contar con una máquina: puede realizarse en casa con una banda elástica o un par de mancuernas.
Cómo hacerlo:
- Parate con los pies separados al ancho de los hombros y pisá la banda elástica con ambos pies. Sujetá sus extremos con las manos y mantenela tensa. Si usás mancuernas, sostené una en cada mano.
- Mantené las rodillas ligeramente flexionadas e incliná el torso hacia adelante con la espalda recta.
- Juntá los omóplatos y llevá las manos hacia el pecho, manteniendo los codos cerca del cuerpo y ligeramente hacia atrás.
2. Sentadillas
La sentadilla es uno de los ejercicios básicos del entrenamiento de fuerza. Fortalece las piernas y los glúteos y permite trabajar un movimiento funcional que resulta fundamental para mantener la autonomía con el paso de los años: levantarse y sentarse.
Cómo hacerla:
- Parate con los pies separados aproximadamente al ancho de los hombros y las puntas ligeramente orientadas hacia afuera.
- Llevá la cadera hacia abajo y hacia atrás, como si fueras a sentarte en una silla, manteniendo la espalda recta.
- Bajá hasta donde puedas mantener una buena técnica y volvé a la posición inicial. Para aumentar la exigencia, podés realizar el descenso de manera más lenta y subir con mayor potencia.
3. Saltos
Los saltos permiten entrenar la potencia y la capacidad de reacción, dos cualidades que pueden disminuir con la edad. Para empezar, una alternativa sencilla es utilizar un escalón bajo o una superficie estable.
Cómo hacerlo:
- Parate frente al escalón con los pies separados al ancho de los hombros, las rodillas ligeramente flexionadas y el abdomen activo.
- Saltá con las dos piernas al mismo tiempo para subir al escalón y, luego, realizá el movimiento para bajar.
- Amortiguá la caída flexionando las articulaciones. La idea es evitar caer rígidamente y procurar que el aterrizaje sea controlado y silencioso.
Una rutina que ayuda a preservar la autonomía
Incorporar estos tres movimientos de manera regular puede contribuir a mantener la fuerza, la potencia y la capacidad funcional a medida que pasan los años. La clave está en entrenar con una intensidad adecuada, progresar de manera gradual y adaptar cada ejercicio al nivel físico de cada persona.