Los perros son excelentes en encontrar la forma comunicarse sin palabras, pero muchas veces los humanos malinterpretamos sus gestos desde una perspectiva excesivamente “humanizada”. Uno de los ejemplos más comunes es cuando un perro lame a su dueño. ¿Es una muestra de amor? No siempre. Según la educadora canina Alba Fernández, especializada en comportamiento animal, esta acción pueden tener un significado completamente diferente: expresar incomodidad o preocupación.
En un video que se viralizó en redes sociales, Fernández desmonta el mito del “lamido cariñoso”. “Muchas veces creemos que lamer es una forma de decir te quiero, pero en realidad puede ser una señal de tensión”, explicó. Y dio un ejemplo: “Cuando hay niños pequeños cerca, solemos pensar que el perro los lame porque los cuida. Pero en muchas ocasiones, lo que está diciendo es: ‘Esto me genera estrés’”.
Una forma sencilla de comprobarlo, según la especialista, es extender la mano hacia el perro y ver cómo reacciona. “Si te chupa la mano, lo más probable es que esté expresando incertidumbre: no sabe qué vas a hacer con ella. Es una manera de decir ‘me pone incómodo’”, detalló.
Aunque en algunos casos los lamidos pueden ser una muestra de afecto, también son ,en otras ocasiones, una estrategia emocional para calmar situaciones que el animal percibe como estresantes. Es decir, no siempre es un mimo sino puede ser una llamada de atención.
Señales que solemos malinterpretar
Fernández también destacó otros gestos caninos que muchas veces se malinterpretan. Por ejemplo:
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Bostezar en momentos de tensión: no es que tengan sueño, sino que están incómodos.
Lamerse el hocico o girar la cabeza: puede ser una forma de evitar el contacto o pedir distancia.
Agacharse con las orejas hacia atrás: a veces significa inseguridad o miedo, no juego ni sumisión.
Sacudirse o rascarse sin motivo aparente: puede indicar estrés acumulado.
Aprender a leer estos signos es clave: “Muchos problemas de comportamiento comienzan porque no respetamos lo que el perro intenta comunicar”, subrayó Fernández. Entender su lenguaje corporal nos permite ofrecerles un entorno más seguro.