Las tapitas de botellas de leche, si sos de guardarlas, se acumulan sin que nadie repare demasiado en ellas. Van a un frasco, a una bolsa o directo a la basura. Sin embargo, esas tapas grandes y resistentes esconden un potencial enorme para el reciclaje doméstico.
A diferencia de las tapitas de gaseosa, las de leche suelen ser más gruesas, rígidas y térmicamente estables, una combinación ideal para transformarlas en un objeto útil para la cocina: un apoyapavas o apoyo para ollas y fuentes calientes.
Reciclar tapitas no solo reduce residuos plásticos, también permite crear soluciones prácticas con materiales que ya están en casa. En este caso, el resultado final es un accesorio funcional, resistente al calor y personalizable, que puede reemplazar a los apoyafuentes tradicionales y sumar un detalle artesanal a la mesa.
Las tapas de botellas de leche están fabricadas con plásticos duros, pensados para resistir golpes, presión y cambios de temperatura. Su tamaño uniforme facilita el armado de superficies estables y su forma plana permite unirlas sin demasiadas complicaciones. Además, al ser un residuo cotidiano, se pueden juntar de a poco sin gastar dinero.