No sos la única persona que al hablar o escuchar sobre insectos provoca un instinto de picazón o pinchazo porque creemos que están atacando nuestro cuerpo imaginariamente. Esto tiene un término específico para describir este fenómeno. Conocé donde se provoca.
Este efecto contagioso tarda en volver a la calma y se debe a actividades en algunas áreas del cerebro que se asociadas a la percepción del tacto y la empatía.
Picazón
Cuando ves a alguien rascarse, o al oír hablar de insectos, imaginás que te está por picar.
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Pensar o hablar de insectos nos provoca rascarnos en cualquier zona
Cuando escuchas hablar de insectos arrastrándose por el cuero cabelludo de alguien o imaginas insectos en un colchón, rápidamente se activa un instinto en el circuito neuronal como si te estuviera pasando, producto de la actividad de las neuronas espejo. Por eso el doctor Shaheen E. Lakhan, neurólogo certificado, afirma esta sensación y coincide que el cerebro no solo procesa la realidad, sino que la construye.
Esto tiene un nombre y se llama prurito contagioso. Y se debe a una combinación de activación proveniente del cuerpo, incluyendo el tacto, la temperatura, el dolor y la posición. Además es un procesamiento emocional que hace que nuestro cerebro genere sensaciones incluso sin estímulo físico, por lo que no es necesario que un insecto se arrastre por la piel para sentir picazón.
¿Qué parte del cerebro provoca esto?
La respuesta está en en el giro poscentral del lóbulo parietal del cerebro, donde se activa la corteza somatosensorial. Es por eso que pueden generar estas sensaciones internamente, aparte de la estimulación externa directa.
En nuestro cerebro la reacción es la misma si es un insecto real o imaginario, y resulta que la respuesta cerebral es prácticamente la misma. Pero eso no genera un contraste y por eso nos protege igual, ya que los insectos pueden ser contagiosos, pueden picarnos y causar problemas.
Picazón
Cuando ves a alguien rascarse, o al oír hablar de insectos, imaginás que te está por picar.
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En el momento, pensar en insectos puede generar sentimientos de asco, ansiedad o inquietud que tarda en irse. Cuando ves a alguien rascarse, tus neuronas espejo se activan como si te estuvieras rascando.