1 de mayo de 2026 - 10:38

Según la psicología, las personas criadas en los 70 y 80 desarrollaron una habilidad hoy casi desaparecida

Crecer con más juego libre, menos supervisión constante y más tiempo en la calle pudo fortalecer una capacidad que hoy se entrena menos.

Las personas criadas en los años 70 y 80 crecieron en un contexto muy distinto: más calle, más espera, más juego sin adultos encima y menos respuestas inmediatas. Según distintas investigaciones sobre infancia, ese entorno favorecía una habilidad hoy más escasa: la autonomía para resolver problemas.

No se trata de idealizar el pasado ni de decir que todo era mejor. También había riesgos, falta de información y modelos de crianza más duros. Pero en ese escenario cotidiano existía algo que muchos chicos actuales tienen menos: oportunidades reales de decidir, negociar, aburrirse y arreglárselas.

La habilidad que se entrenaba sin que nadie la nombrara

La psicología del desarrollo suele mirar el juego libre como algo más profundo que entretenimiento. En esos espacios, los chicos aprenden a ponerse reglas, resolver conflictos, tolerar frustraciones y corregir errores sin que un adulto intervenga de inmediato.

Según la psicología, las personas criadas en los 70 y 80 desarrollaron una habilidad hoy casi desaparecida (3)

En los 70 y 80, buena parte de ese aprendizaje ocurría en situaciones simples: organizar un partido, discutir una regla, volver solo de la escuela, pedir permiso en una casa vecina o esperar sin pantallas durante horas.

Por qué hoy aparece menos

El cambio no se explica por un solo factor. Hay más miedo a la inseguridad, más tránsito, más pantallas, agendas infantiles más cargadas y una supervisión adulta mucho más presente. Cada elemento reduce un poco la independencia cotidiana.

Un informe internacional sobre movilidad infantil independiente, impulsado por la Nuffield Foundation, reconstruyó décadas de investigación iniciadas en 1970 y señaló la importancia de la movilidad autónoma para que los chicos adquieran habilidades físicas, prácticas y sociales.

Cuando cada actividad está organizada, monitoreada o resuelta por adultos, el chico puede estar más protegido, pero también tiene menos ocasiones de practicar algo incómodo: equivocarse, recalcular y buscar una salida propia.

La relación con la tolerancia a la frustración

La autonomía práctica no aparece separada de la frustración. Para resolver un problema, primero hay que tolerar que algo no salga. Esa pausa incómoda era más frecuente en infancias con menos estímulos inmediatos.

Harvard Graduate School of Education publicó una entrevista con Peter Gray en la que el psicólogo explica que el juego independiente favorece jóvenes más resilientes, autosuficientes y mentalmente preparados. También advierte que resolverles todo a los chicos debilita la sensación de control interno.

Según la psicología, las personas criadas en los 70 y 80 desarrollaron una habilidad hoy casi desaparecida (2)

Esa idea es clave: quien nunca tuvo margen para decidir, negociar o reparar un error puede depender más de instrucciones externas. En cambio, quien tuvo pequeñas responsabilidades desde chico suele desarrollar más confianza para actuar ante lo inesperado.

No es nostalgia: es una señal para la crianza actual

La lectura útil no es volver al pasado, sino recuperar una parte de esa experiencia. Los chicos no necesitan quedar expuestos a riesgos innecesarios, pero sí necesitan espacios graduados de autonomía: encargos simples, juego sin intervención constante y decisiones acordes a su edad.

También importa permitir aburrimiento. Una tarde sin plan puede parecer pérdida de tiempo, pero muchas veces obliga a inventar, llamar a otros, crear reglas o sostener una actividad sin recompensa inmediata.

LAS MAS LEIDAS