30 de abril de 2026 - 10:30

Según la ciencia, las personas que llegan activas a la vejez comparten este hábito físico clave

Investigadores de la Clínica Mayo estiman que los genes solo representan el 20% de la longevidad, mientras que el 80% depende de prioridades y hábitos diarios.

Llegar a los 70 años con un cuerpo funcional no depende de la genética ni de una disciplina inquebrantable. Las personas que logran mantenerse activas en la vejez son aquellas que decidieron que el movimiento no se trata de la apariencia, sino de conservar una vida de la cual no quieren retirarse, según la ciencia.

Según investigaciones publicadas en Immunity and Ageing, aproximadamente el 25% de la variación en la longevidad humana se atribuye a factores genéticos. Esto significa que el 75% restante es moldeado por las elecciones que una persona toma a lo largo de su vida, como la alimentación, el movimiento y el manejo del estrés. Creer que la salud está fuera de nuestro control es una forma de evitar la responsabilidad sobre nuestro propio envejecimiento.

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El hábito clave: moverse por convicción, no por obligación

Según un estudio publicado en el International Journal of Behavioral Nutrition and Physical Activity, la motivación intrínseca es el predictor más fuerte de la adherencia al ejercicio a largo plazo. Mientras que los objetivos de apariencia pueden servir para comenzar, casi nunca son suficientes para mantener la constancia durante décadas. El ejercicio impulsado por la culpa o la presión social puede, incluso, dañar la salud psicológica del individuo.

Según investigadores geriátricos de la Clínica Mayo, el aporte de la genética es mucho menor de lo que la mayoría de las personas piensa. La diferencia fundamental entre quienes abandonan y quienes perseveran radica en que estos últimos han dejado de ver el cuerpo como un proyecto estético. Para ellos, el movimiento se ha convertido en una parte esencial de su identidad y de cómo habitan su día a día.

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Qué cambia cuando el ejercicio tiene un propósito real

Según investigaciones sobre la actividad física en mujeres mayores de 60 años, el ejercicio regular promueve una mayor autonomía y capacidad funcional. Este enfoque permite mantener la independencia y las conexiones sociales, transformando el esfuerzo físico en una herramienta para seguir viviendo plenamente. La meta deja de ser una talla de ropa para convertirse en la capacidad de jugar con nietos o viajar sin asistencia.

La historia tradicional sobre el fitness en la vejez suele centrarse erróneamente en el sacrificio y la voluntad de hierro. Sin embargo, la disciplina es un recurso que se agota ante el duelo, la enfermedad o el agotamiento acumulado de una vida compleja. Lo que realmente sobrevive a las crisis es el sentido interno de que mover el cuerpo es parte de permanecer dentro de una vida que se valora.

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