12 de febrero de 2026 - 19:35

Según la psicología, desviar la mirada durante una conversación revela estos 4 secretos del cerebro

Esquivar la mirada no siempre es señal de engaño. Descubrí cómo tu cerebro utiliza este hábito para procesar mejor la información, reducir el estrés y proteger tu mente.

Seguramente te pasó: hablás con alguien y, de repente, desvía la vista de forma constante. Lejos de ser un signo de mala educación o una mentira oculta, la psicología revela hoy que este gesto es un regulador biológico clave. Entender por qué sucede cambiará por completo tu forma de comunicarte.

El contacto visual es una herramienta poderosa que transporta información mucho antes de que las palabras entren en juego. Señala atención, marca límites y activa de forma intensa el sistema límbico de nuestro cerebro. Sin embargo, estudios recientes demuestran que mantener la mirada fija consume una enorme cantidad de recursos mentales.

Cuando alguien desvía la mirada durante una conversación difícil o al formular una respuesta compleja, no está necesariamente huyendo. En realidad, su cerebro está intentando reducir la carga cognitiva para poder pensar con mayor precisión. Es un mecanismo de regulación, no un juicio moral sobre la honestidad del otro.

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El cerebro necesita "desconectarse" para procesar mejor

La mirada directa activa la atención de manera tan intensa que puede llegar a ser abrumadora. Por eso, muchas personas miran hacia un costado para bloquear estímulos externos y concentrarse en sus propios pensamientos o recuerdos. Este hábito es especialmente común en situaciones de alta exigencia mental, como hacer cálculos o recordar datos específicos.

Existen múltiples factores que explican por qué una persona evita el contacto visual de forma recurrente:

  • Ansiedad social: Mirar hacia otro lado ayuda a reducir notablemente la frecuencia cardíaca y la excitación nerviosa en personas con temor a ser evaluadas.
  • Diferencias culturales: En muchos contextos, bajar la mirada es una señal de respeto absoluto hacia mayores o superiores, y no de falta de interés.
  • Neurodiversidad: Para personas en el espectro autista o con TDAH, el contacto visual puede ser físicamente incómodo o un distractor que les impide escuchar con atención.
  • Protección emocional: Tras experiencias traumáticas, mantener una distancia visual controlada genera una sensación necesaria de seguridad.

Un error común en la vida cotidiana es asociar la falta de mirada con la mentira. Paradójicamente, las investigaciones indican que los mentirosos a menudo sostienen la mirada durante demasiado tiempo para intentar parecer más creíbles y convincentes.

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Estrategias prácticas para mejorar tus conversaciones

Si notás que a tu interlocutor le cuesta sostenerte la mirada, existen formas de reducir la presión y mejorar la conexión sin forzar la situación. Una técnica efectiva es el "triangulado": alternar la vista entre los ojos, la frente y la boca del otro, o mirar brevemente hacia un objeto común para bajar la tensión.

Otra recomendación útil para el día a día es proponer charlas mientras se camina. El movimiento físico y el hecho de estar uno al lado del otro, en lugar de frente a frente, elimina la presión del contacto visual constante y hace que la comunicación fluya con más naturalidad.

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En el ámbito laboral, especialmente en videollamadas, es fundamental ser flexible. El desfase técnico entre la cámara y la pantalla suele crear señales visuales contradictorias que no deben interpretarse como desinterés. Al final, lo que define una buena charla no es la intensidad del contacto visual, sino la calidad de la escucha y la presencia compartida.

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