Comprar ropa nueva es una de las sensaciones más placenteras para muchas personas. Poder quitar la etiqueta, sentir la tela o las estampas puede ser muy tentador. Sin embargo, no se debe utilizar una vez comprada. Una limpieza previa puede tener un impacto en la salud significativo.
La razón detrás de esto no es estrictamente el material del cuál está hecha la prenda, sino el recorrido que hizo hasta llegar a tus manos. Expertos en microbiología destacan las altas probabilidades de que miles de personas hayan usado la prenda ropa que vos compraste.
Limpieza ropa nueva
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Por dónde se transmiten los virus en la ropa
Expertos subrayan que los virus se transmiten principalmente a través de 2 vías:
- El sistema respiratorio.
En el caso de la ropa, el riesgo surge cuando tocamos telas contaminadas y después nos llevamos las manos a la boca o la nariz. Esa acción, aparentemente inofensiva, puede ser la puerta de entrada de microorganismos capaces de generar molestias gastrointestinales, respiratorias o cutáneas.
Aunque se aclara que las probabilidades de sufrir una infección grave por usar ropa sin lavar son “muy bajas”, se remarca que el peligro aumenta en personas con heridas abiertas, cortes o irritaciones en la piel.
Estos pequeños puntos de vulnerabilidad funcionan como acceso directo para bacterias y virus. A esto se suma que las prendas, antes de llegar al local, suelen pasar por depósitos y camiones de transporte, donde pueden acumular polvo, suciedad o entrar en contacto con ambientes poco higiénicos.
Recomendaciones de higiene básicas
Por todo esto, la recomendación consta de dos pasos:
- En primer lugar, lavarse muy bien las manos después de recorrer locales de ropa, ya que el simple contacto con varias prendas puede dejarnos microorganismos en la piel.
- En segundo lugar, limpiar toda prenda nueva antes de estrenarla. Para ello es fundamental seguir siempre las indicaciones de la etiqueta: algunas piezas requieren lavado a mano, otras permiten el uso de lavadora, y ciertos materiales delicados pueden necesitar productos específicos.
Adoptar este hábito no solo reduce la posibilidad de infecciones leves o reacciones alérgicas, sino que también asegura que la ropa esté libre de residuos químicos propios de la producción textil, como tintes o acabados industriales que pueden causar irritación. De esta manera, se logra un equilibrio entre el cuidado de la salud y la preservación de la prenda.