31 de diciembre de 2025 - 16:28

No la tires: recicla la esponja vieja de lavar los platos porque puede salvarte de la ola de calor

Con materiales que tenés en casa, podrás convertir la vieja esponja en un objeto ideal para hacerle frente a la ola de calor de los próximos días.

En muchas casas argentinas hay esponjas que ya no sirven para limpiar: están gastadas, deformadas o simplemente fueron reemplazadas por una nueva. Sin embargo, antes de que terminen en la basura, vale la pena saber que todavía pueden cumplir una función útil para la ola de calor.

Con un uso distinto al original, una esponja antigua puede transformarse en una hielera improvisada ideal para conservar el frío de bebidas, viandas o botellas por períodos cortos.

Este tipo de reciclaje casero aprovecha una característica clave de las esponjas: su capacidad de retener agua y aislar la temperatura. Al congelarlas correctamente y colocarlas dentro de un sobre o funda reutilizable, se convierten en una alternativa práctica y económica a los geles refrigerantes comerciales.

Es una solución simple para salidas al aire libre, viajes cortos, picnics, playa o incluso para llevar una vianda al trabajo sin necesidad de comprar productos nuevos.

Por qué una esponja puede mantener el frío

Las esponjas están diseñadas para absorber y retener líquidos. Cuando se humedecen y se congelan, el agua que contienen se solidifica y actúa como una fuente de frío sostenido. Al mismo tiempo, la estructura porosa del material funciona como aislante, lo que retrasa el aumento de temperatura.

A diferencia del hielo suelto, la esponja congelada no gotea mientras se derrite lentamente, lo que evita mojar alimentos o envases. Además, se adapta fácilmente a distintos tamaños de recipientes.

esponjas

Qué esponjas sirven para este reciclaje

  • Esponjas de limpieza comunes (sin restos de detergente)
  • Esponjas grandes tipo baño
  • Esponjas sintéticas, no metálicas
  • No se recomienda usar esponjas con partes abrasivas metálicas ni aquellas muy deterioradas que se desarmen.

Materiales necesarios

  • 1 o más esponjas viejas
  • Agua potable
  • Freezer
  • Tela impermeable, bolsa reutilizable, cortina de baño vieja o bolsa plástica gruesa
  • Tijera
  • Hilo y aguja o cinta adhesiva resistente
  • Opcional: cierre tipo velcro o broche

Paso a paso: cómo preparar la esponja como hielera

  1. Antes de reutilizarla, lavá la esponja con agua caliente. Si está muy sucia, dejala unos minutos en agua con vinagre o bicarbonato. Enjuagala bien hasta eliminar cualquier residuo y dejala secar.
  2. Una vez limpia, mojá la esponja con agua potable. Escurrila levemente: debe quedar bien húmeda, pero no chorreando.
  3. Colocá la esponja húmeda dentro del freezer durante al menos 6 horas. Lo ideal es dejarla toda la noche para que se congele de forma uniforme.
  4. Cómo hacer el sobre reutilizable para la hielera
  5. Usá tela impermeable reciclada, como una cortina de baño vieja, una bolsa reutilizable o incluso un mantel plástico. Cortá dos rectángulos un poco más grandes que la esponja.
  6. Uní los bordes de la tela con costura simple o cinta resistente, dejando un lado abierto para introducir la esponja. Si querés que sea reutilizable, agregá velcro o un broche en la abertura.
  7. Una vez congelada, colocá la esponja dentro del sobre. Cerralo bien para evitar filtraciones.
    esponja en el freezer

Cómo usar la hielera improvisada

  • Colocala junto a botellas, latas o viandas dentro de una conservadora, mochila térmica o bolso común.
  • Usala para mantener frío el agua o bebidas durante varias horas.
  • Es ideal para llevar frutas, yogures o alimentos frescos al trabajo.
  • También sirve para conservar medicamentos que necesitan frío por períodos cortos.
  • Cuando la esponja se descongela, se puede volver a humedecer y congelar cuantas veces sea necesario.

Si se usa dentro de un bolso o conservadora cerrada, la esponja congelada puede mantener una temperatura fresca entre 3 y 6 horas, dependiendo del clima y del entorno. No reemplaza una heladera, pero cumple muy bien su función para usos cotidianos.

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