4 de noviembre de 2026 - 11:30

Los perros de Chernóbil tienen un ADN diferente tras 40 años de radiación: la ciencia descubrió que no son mutantes

Investigadores analizaron 106 secuencias genómicas y descubrieron que los sobrevivientes al desastre poseían variantes genéticas previas a la explosión.

La población de perros callejeros que habita junto a los restos del reactor 4 de Chernóbil desarrolló una huella genética única frente a los ejemplares que viven a solo 16 kilómetros. Un estudio genómico reveló que esta diferenciación no responde a mutaciones por radiación, sino a un proceso de selección natural.

El hallazgo, publicado en la revista científica Genes por investigadores de la Universidad Estatal de Carolina del Norte, analizó el ADN completo de 106 animales que llevan 40 años y 30 generaciones ocupando la zona de exclusión tras el desastre nuclear de 1986.

¿Por qué los perros de Chernóbil no son mutantes pese a la radiación?

Los análisis iniciales realizados en 2023 sugerían que la radiación constante habría alterado directamente el código genético de los animales. Sin embargo, las secuencias de genoma completo demostraron que los ejemplares que sobrevivieron a la explosión inicial poseían de antemano variaciones en genes vinculados a la reparación del ADN, el sistema inmunológico y la resistencia a tumores.

Sobre esta diferencia biológica entre poblaciones vecinas, la investigadora Megan Dillon explicó que “al investigar la estructura genética de la población descubrimos que, aunque los dos grupos de perros viven muy cerca, su genoma difiere significativamente y esas diferencias no se atribuyen a mutaciones”. Los canes con defensas genéticas previas lograron reproducirse y transmitir esas ventajas a sus descendientes.

¿Cómo comprobó la ciencia que el ADN de los perros de Chernóbil no cambió por azar?

Para descartar que la divergencia fuera fruto del azar o del aislamiento prolongado, el equipo científico comparó los datos genéticos de Chernóbil con perros aislados de las islas Galápagos y de distintos países de Europa Oriental. Los resultados confirmaron que la población del reactor conserva una diversidad genética elevada, lo que descarta un cuello de botella provocado por la deriva genética.

Al evaluar el impacto del entorno radioactivo sobre los animales, el autor principal del estudio, Matthew Breen, sostuvo que “conociendo la toxicidad de Chernóbil, entiendo que la gente piense que vivir allí tuvo consecuencias; sin embargo, las alteraciones no llevaron a que el genoma cambiara por adaptación, sino que los sobrevivientes ya contaban con variantes protectoras”. El estudio abre nuevas vías para entender la resiliencia mamífera ante contaminantes ambientales severos.

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