17 de octubre de 2026 - 11:35

El cementerio radiactivo de Chernóbil: qué pasó con los 2.000 vehículos contaminados que quedaron abandonados tras la catástrofe

Tras absorber radiación en 1986, camiones y helicópteros sufrieron décadas de saqueos ilegales antes de ser desguazados o sepultados bajo tierra en 30 zanjas.

Tras la explosión del reactor 4 de la central nuclear de Chernóbil el 26 de abril de 1986, miles de camiones, autobuses, tanques y helicópteros utilizados en las tareas de contención quedaron atrapados para siempre en la zona de exclusión, transformados en toneladas de desechos altamente radiactivos.

A diferencia de cualquier faena operativa habitual donde los vehículos regresan a sus bases al concluir la jornada, las unidades que operaron en el epicentro de la catástrofe absorbieron niveles letales de radiación. Ante la imposibilidad de descontaminarlas, las autoridades soviéticas improvisaron su confinamiento en Rassokha, un predio que llegó a albergar a más de 2.000 máquinas pesadas, según los registros de Greenpeace.

A partir de los años 2000, gran parte de la flota fue desguazada, cortada para chatarra o saqueada ilegalmente por piezas (a pesar del riesgo radiactivo).

A partir de los años 2000, gran parte de la flota fue desguazada, cortada para chatarra o saqueada ilegalmente por piezas (a pesar del riesgo radiactivo).

¿Qué pasó con los vehículos contaminados de Chernóbil en Rassokha?

El terreno de Rassokha se convirtió en el mayor depósito a cielo abierto para el material de emergencia en la zona clausurada. Entre filas interminables de camiones y blindados descansaban los helicópteros empleados para arrojar materiales sobre el núcleo encendido, una flota marcada por la tragedia del 2 de octubre de 1986, cuando un Mil Mi-8 se estrelló durante las maniobras y provocó la muerte de sus tripulantes.

Aunque una parte de la maquinaria fue sepultada bajo tierra en el lugar, los altos costos impidieron enterrar la totalidad del parque móvil. La permanencia de los vehículos a la intemperie derivó en un grave problema de seguridad: durante décadas, cuadrillas de saqueadores eludieron los controles y utilizaron sierras y sopletes para cortar metal contaminado, que luego fundían y comercializaban fuera del perímetro clausurado.

Al absorber altas dosis de radiación, los vehículos no podían salir de la zona y fueron estacionados en este predio con la esperanza de que la radiactividad disminuyera con el tiempo.

Al absorber altas dosis de radiación, los vehículos no podían salir de la zona y fueron estacionados en este predio con la esperanza de que la radiactividad disminuyera con el tiempo.

Hacia 2014, las autoridades iniciaron el desmantelamiento definitivo de Rassokha, cortando las estructuras remanentes para retirarlas como chatarra tratada y clausurando el histórico cementerio visual.

¿Dónde están hoy los vehículos radiactivos de Chernóbil?

Para quienes buscan hoy los vestigios de aquel parque automotor de mitigación, el punto de referencia se trasladó a Buriakivka, un predio vecino que constituye la mayor concentración remanente de vehículos en la zona de exclusión. A diferencia de las hileras visibles de antaño, este complejo alberga la maquinaria completamente sepultada bajo tierra.

El complejo de Buriakivka abarca un perímetro de 1.200 por 700 metros y distribuye el equipamiento en 30 fosas diseñadas bajo rigurosos estándares de confinamiento nuclear. El almacenamiento bajo suelo resolvió la vulnerabilidad exhibida en Rassokha, blindando el material radiactivo frente a eventuales robos o dispersión ambiental.

Organismos internacionales como el Instituto Nacional para la Salud Pública y el Medio Ambiente de los Países Bajos (RIVM) destacan que la experiencia de Chernóbil fijó una lección central para la gestión nuclear: el verdadero desafío logístico comienza después de la emergencia, cuando los equipos quedan inservibles y demandan monitoreo y confinamiento permanente para evitar fugas de radiación.

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