Durante años se creyó que hacer crucigramas o sopas de letras era la mejor forma de cuidar la memoria. Sin embargo, distintos especialistas en neurociencia sostienen que existe un hábito cotidiano mucho más poderoso: cambiar la forma en que hablamos. Incorporar palabras nuevas, buscar sinónimos y mantener conversaciones variadas obliga al cerebro a construir conexiones diferentes de manera permanente.
La idea parte de un concepto conocido como reserva cognitiva, es decir, la capacidad que tiene el cerebro para adaptarse y compensar el paso del tiempo mediante nuevas conexiones neuronales.
Y esa reserva no se construye únicamente resolviendo juegos.
Qué recomienda la neurociencia para cuidar la memoria
Los especialistas explican que repetir siempre las mismas palabras exige muy poco esfuerzo cerebral.
En cambio, buscar un sinónimo, explicar una idea desde otro enfoque o aprender expresiones nuevas obliga al cerebro a activar regiones relacionadas con el lenguaje, la memoria y la planificación.
Cada conversación se transforma así en un pequeño entrenamiento cognitivo.
También ayuda conversar con personas de distintas edades, leer sobre temas desconocidos y explicar conceptos con palabras propias.
Todo eso obliga al cerebro a abandonar respuestas automáticas.
La memoria también se fortalece hablando
La memoria no depende únicamente de recordar datos.
Gran parte de su funcionamiento está relacionado con la capacidad de recuperar información, reorganizarla y utilizarla en contextos nuevos.
Cuando una persona intenta explicar una idea de distintas maneras, pone en funcionamiento varios procesos mentales al mismo tiempo.
Eso genera un estímulo mucho más completo que repetir mecánicamente un ejercicio aprendido.
Los especialistas recuerdan además que mantener una vida social activa constituye uno de los factores más asociados con una mejor salud cognitiva durante el envejecimiento.
Pequeños cambios con grandes beneficios
No hace falta memorizar listas interminables de palabras.
Basta con incorporar pequeñas variaciones al hablar.
Leer autores diferentes, aprender expresiones nuevas o mantener conversaciones profundas sobre temas variados ayuda a construir nuevas rutas neuronales de manera constante.
Hablar también entrena el cerebro
La neurociencia coincide en que el cerebro necesita desafíos permanentes para mantenerse activo. Cambiar la manera de expresarse, ampliar el vocabulario y evitar repetir siempre las mismas estructuras puede convertirse en un ejercicio cotidiano tan valioso como cualquier juego mental.