24 de febrero de 2026 - 14:34

Las personas que siempre agradan a los demás podrían atravesar la forma más peligrosa de soledad

Aseguran que la forma más dañina de soledad no surge de la falta de personas alrededor, sino de la desconexión mostrada entre lo que escondes y lo que muestras.

La imagen clásica de la soledad remite a la ausencia de vínculos o al aislamiento físico de cada una de las personas. Sin embargo, expertos en materias como la psicología plantea una perspectiva diferente: la forma más peligrosa de soledad no es estar solo.

De acuerdo conuna investigación de Elizabeth Pinel: “la forma más peligrosa de soledad no es estar solo; es estar rodeado de personas mientras se interpreta una versión de uno mismo que ninguno de ellos reconocería si lo viera en casa”. Esta definición apunta a una experiencia cada vez más frecuente en sociedades donde la vida social es intensa, pero la autenticidad puede quedar relegada.

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El aislamiento existencial: cuando nadie comprende el mundo interior

Desde la psicología, este fenómeno se vincula con el concepto de aislamiento existencial, que describe la sensación de que la experiencia interna de una persona no es compartida ni comprendida por los demás. No implica necesariamente falta de relaciones, sino falta de reconocimiento profundo.

Una persona puede tener amigos, familia, compañeros de trabajo y una agenda social activa. Sin embargo, si siente que nadie conoce su verdadera forma de pensar, sus miedos o sus deseos más íntimos, puede experimentar un tipo de soledad más complejo que el aislamiento físico.

La auto-ocultación y el desgaste emocional

Allí también aparece la auto-ocultación, entendida como la tendencia a esconder aspectos relevantes de la propia identidad para evitar conflictos o rechazo. Lo cierto es que este es un concepto formalizado por primera vez por el psicólogo Dale Larson en la Universidad de Santa Clara, y su trabajo original de 1990 se diferencia de la privacidad saludable, que implica elegir qué compartir, la auto-ocultación supone sostener una actuación permanente.

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En el texto se explica que esta dinámica puede generar consecuencias emocionales como:

  • Sensación persistente de vacío.

  • Cansancio mental.

  • Desconexión con la propia identidad.

  • Dificultad para establecer vínculos profundos.

El problema no radica en adaptarse socialmente, algo natural en distintos contextos, sino en perder contacto con el yo auténtico al mantener una versión construida para agradar.

La paradoja de la integración social

Uno de los puntos centrales del planteo es la paradoja contemporánea: en una época marcada por la hiperconectividad y la exposición constante, muchas personas se sienten menos comprendidas que nunca.

También existen casos en los que alguien llega a sentir que ha interpretado un papel durante tanto tiempo que ya no distingue con claridad quién es fuera de esa representación. Esa distancia entre la identidad real y la identidad social puede convertirse en una fuente de malestar sostenido.

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Por qué esta soledad puede pasar inadvertida

A diferencia del aislamiento tradicional, esta forma de soledad puede no ser reconocida ni por el entorno ni por la propia persona. Desde afuera, todo parece funcionar: hay encuentros, conversaciones y participación activa.

Esa aparente normalidad puede dificultar la identificación del problema. La sensación interna suele confundirse con estrés, agotamiento o simple insatisfacción, lo que retrasa la posibilidad de abordarla de manera consciente.

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