25 de agosto de 2026 - 14:15

La psicología señala que elegir siempre el mismo lugar para sentarse no es solo una costumbre, sino que puede estar relacionado con la sensación de seguridad

Volver a la misma silla en una clase, una reunión o incluso en la mesa familiar es un comportamiento estudiado por la psicología ambiental.

Eso no significa que una persona que siempre se sienta en la misma silla tenga miedo o inseguridad psicológica.

La interpretación es bastante más moderada: los espacios familiares reducen incertidumbre y permiten anticipar mejor qué ocurre alrededor, algo que puede contribuir a una sensación subjetiva de comodidad y seguridad.

Qué es la territorialidad y por qué aparece incluso en lugares públicos

La Association for Psychological Science explicó este fenómeno a partir del trabajo del psicólogo ambiental Robert Gifford, de la Universidad de Victoria.

Gifford señala que la territorialidad sirve para organizar espacialmente nuestras relaciones y que las personas suelen reclamar informalmente determinados lugares sin necesidad de ser sus propietarias.

Una silla habitual en una oficina, el mismo lugar en una clase o incluso una mesa preferida en un bar pueden convertirse así en un pequeño territorio secundario. Los demás empiezan incluso a asociar ese sitio con una persona después de observar repetidamente que lo utiliza.

Ese mecanismo ayuda a explicar por qué alguien puede experimentar una pequeña incomodidad cuando llega y encuentra a otra persona en “su” asiento, aunque nunca haya existido una regla que reserve formalmente ese lugar.

La familiaridad también reduce decisiones pequeñas

Los hábitos tienen otro componente. Una investigación publicada en Personality and Individual Differences señala que las rutinas humanas tienden a favorecer regularidad y familiaridad, y utiliza precisamente como ejemplo la tendencia a sentarse siempre en el mismo lugar de la mesa.

Cuando el entorno se repite, volver a una opción conocida evita analizar cada vez todas las alternativas disponibles. La persona ya sabe qué ve desde allí, quién suele ubicarse alrededor, qué tan lejos está de una puerta, cuánto ruido recibe o qué grado de privacidad ofrece.

Una investigación sobre uso de bibliotecas encontró justamente que la experiencia previa con un espacio puede influir en elecciones posteriores de asiento.

Los usuarios habituales pueden regresar al mismo sector según experiencias anteriores, mientras quienes llegan por primera vez dependen más de condiciones visibles como iluminación y ruido.

Sentarse en un lugar protegido puede aumentar la comodidad

La elección tampoco depende solamente de la repetición. Un estudio publicado en Frontiers in Psychology analizó dónde prefieren sentarse las personas dentro de un café y encontró que variables relacionadas con distancia interpersonal, privacidad y posición física del asiento modificaban las elecciones. Los participantes tendían, por ejemplo, a preferir mayor distancia respecto de desconocidos.

El espacio personal cumple una función protectora y cambia según cultura, contexto y relación con quienes están alrededor. La Asociación Americana de Psicología lo define como un área defendida alrededor de una persona, cuyos límites no son iguales para todo el mundo.

Por eso, elegir siempre la silla de una esquina, cerca de una pared o en un sector donde se controla mejor el entorno puede contribuir a una sensación de privacidad y previsibilidad, pero no permite sacar conclusiones clínicas sobre quien lo hace.

No es una prueba de ansiedad ni de una personalidad determinada

Este último punto es fundamental. Sentarse siempre en el mismo lugar no diagnostica ansiedad, rigidez, obsesiones ni ningún trastorno psicológico. También puede explicarse simplemente por comodidad física, buena visibilidad, cercanía con amigos, iluminación o una rutina adquirida.

Lo interesante aparece cuando la elección se repite aun cuando todas esas condiciones parecen equivalentes. Estudios en aulas observaron que una proporción importante de estudiantes termina estabilizando espontáneamente una ubicación determinada, aun cuando los asientos no están asignados.

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