19 de agosto de 2026 - 17:30

Hablar en tercera persona con vos mismo y llamarte por tu nombre puede ayudarte a controlar los nervios en situaciones de estrés, según la psicología

Decirte tu propio nombre antes de una situación estresante puede generar una distancia psicológica que permita pensar con mayor claridad.

Lo ves en las películas todo el tiempo: una persona está a punto de dar un discurso, entrar a una entrevista de trabajo o afrontar una conversación difícil. Se mira al espejo y se dice: “Vamos. Tú puedes”. Utilizar el propio nombre en lugar de decir “yo” puede generar una distancia psicológica y ayudar a manejar mejor los nervios.

La escena puede parecer teatral porque la mayoría de las personas no suele hablar consigo misma de esa manera. Sin embargo, la psicología encontró que cambiar una pequeña parte del lenguaje interno puede modificar la manera en que enfrentamos una situación estresante.

El objetivo no es eliminar los nervios

Gestionar una emoción difícil no significa hacerla desaparecer.

Las mariposas en el estómago antes de una presentación, la tensión previa a una conversación complicada o la sensación de temor antes de abrir un correo que llevas días evitando son respuestas normales. Indican que el cerebro interpreta que algo importante está por suceder.

El problema aparece cuando los nervios adquieren tanta intensidad que interfieren con la capacidad de pensar, responder o actuar como uno quisiera.

Puedes saber perfectamente qué quieres decir en una reunión y, aun así, pasar los minutos anteriores imaginando todas las formas en las que podría salir mal. Puedes haberte preparado para una entrevista y terminar concentrado en tu ansiedad en lugar de utilizar todo lo que preparaste.

Es en ese punto donde una modificación aparentemente pequeña del diálogo interno puede resultar útil.

Qué ocurre cuando utilizas tu propio nombre

El psicólogo Ethan Kross, de la Universidad de Michigan, investigó cómo las personas afrontan experiencias estresantes cuando utilizan distintos tipos de lenguaje interno.

En sus experimentos, algunos participantes reflexionaban sobre una situación utilizando la primera persona, con frases como “¿por qué estoy tan nervioso?”. Otros utilizaban su propio nombre: “¿por qué está tan nervioso [nombre]?”.

Los resultados sugirieron que quienes utilizaban su nombre podían afrontar el estrés de manera más eficaz. También mostraban una menor tendencia a quedarse atrapados en pensamientos repetitivos centrados exclusivamente en sí mismos.

La explicación está relacionada con la distancia psicológica.

Tu nombre puede ayudarte a observar el problema desde afuera

Existe una diferencia importante entre hablarte como “yo” y hablarte como si fueras otra persona.

Si un amigo te dijera que está aterrorizado antes de una entrevista de trabajo, probablemente no responderías: “Sí, tienes razón, vas a arruinarlo”. Lo más probable es que tomaras cierta distancia de la situación, analizaras el contexto y trataras de ofrecerle una perspectiva útil.

Utilizar tu propio nombre puede producir algo parecido.

Cuando dices “yo”, permaneces completamente dentro de la experiencia emocional. Cuando utilizas tu nombre, introduces una pequeña separación entre quien experimenta la emoción y quien intenta analizarla.

El problema no desaparece, pero puede dejar de sentirse como algo que te está arrastrando por completo.

Un cambio de lenguaje que puede ocurrir rápidamente

Investigaciones realizadas por el laboratorio de Kross junto con el neurocientífico Jason Moser, de Michigan State University, analizaron qué ocurría en el cerebro cuando las personas utilizaban un diálogo interno en tercera persona.

Los resultados indicaron una reducción de determinados indicadores de reactividad emocional en un período muy breve.

LAS MAS LEIDAS