Hay recetas que tienen historia, recuerdo, emoción y la torta amor es una de ellas. Ideal para reuniones familiares, con amigos, cumpleaños y mesas dulces porque es fácil y rendidora. Esta versión reversionada llega para actualizar un clásico sin perder su espíritu.
La torta se prepara sin horno, es fresca, liviana y perfecta para los días de calor, cuando prender el horno no es opción y la heladera se vuelve nuestra mejor aliada. Lo mejor es que combina sabores que amamos: dulce de leche, queso crema y frutas frescas. Una mezcla que funciona siempre y que, además, se arma en pocos pasos.
Es ideal para llevar a una comida familiar o simplemente para tener lista en la heladera y darse un gusto. No necesitás técnicas complicadas ni ingredientes difíciles de conseguir. Todo se consigue en el súper o en el almacén del barrio.
La textura es suave, cremosa y bien equilibrada. Y si sos de los que prefieren una torta más firme, hay un truco sencillo: sumar un poco de gelatina sin sabor a la parte cremosa para que quede bien armada al cortar. De las dos maneras queda riquísima, así que podés elegir según tu gusto.