Una expedición científica en aguas profundas frente a Argentina reveló un dato que sorprendió incluso a los especialistas: podrían haberse identificado 28 nuevas especies marinas en una sola campaña. El hallazgo ocurrió en el cañón submarino Colorado-Rawson, en el Atlántico Sur, en una zona poco explorada del Mar Argentino y sus ecosistemas profundos, que cobra relevancia científica internacional.
El equipo del Schmidt Ocean Institute, a bordo del buque de investigación Falkor, utilizó un vehículo operado remotamente (ROV) para descender hasta casi 3.800 metros de profundidad.
Allí registraron organismos que podrían representar especies nunca antes descritas por la ciencia.
Qué se encontró en las profundidades
Los investigadores estiman que identificaron 28 posibles nuevas especies, entre ellas:
Caracoles marinos de aguas profundas
Erizos y anémonas adaptados a condiciones extremas
Gusanos tubícolas asociados a filtraciones químicas
Nuevas variedades de corales de profundidad
Además, filmaron ejemplares poco frecuentes como la medusa fantasma (Stygiomedusa gigantea), una especie rara que puede alcanzar varios metros de longitud.
Exploraban el fondo del mar argentino y terminaron encontrando 28 especies que nadie había registrado (6)
Calamar de cristal. Crédito: ROV SuBastian / Instituto Oceánico Schmidt
También se documentó la primera “caída de ballena” registrada en aguas profundas argentinas: el esqueleto de un cetáceo a 3,8 kilómetros bajo la superficie, que hoy funciona como hábitat para tiburones, cangrejos y otras especies.
Por qué este hallazgo es importante
Según explicó María Emilia Bravo, científica jefa de la expedición, el nivel de biodiversidad observado fue inesperado. Los estudios apuntaban a encontrar una filtración fría activa (zonas donde emanan metano y compuestos químicos desde el fondo marino), pero el ecosistema resultó mucho más complejo de lo previsto.
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Corales de aguas profundas. Crédito: ROV SuBastian / Instituto Oceanográfico Schmidt .
Las filtraciones frías son clave porque:
Sostienen comunidades microbianas únicas
Alimentan cadenas tróficas completas en ausencia de luz solar
Funcionan como “islas biológicas” en el fondo oceánico
La expedición solo halló una filtración activa, pero descubrió una red ecológica diversa asociada a arrecifes de coral de aguas profundas, incluyendo uno de Bathelia candida considerado el más grande conocido hasta ahora.
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Pez trípode (de la familia Ipnopidae). Crédito: ROV SuBastian / Instituto Oceanográfico Schmidt .
Cómo se realizó la exploración
El relevamiento se hizo mediante el ROV SuBastian, un robot submarino equipado con cámaras de alta resolución y brazos mecánicos para recolectar muestras.
Las inmersiones alcanzaron profundidades de:
1.000 metros en el talud continental
2.700 metros en la Cuenca Argentina
3.800 metros en zonas de caída de ballena
Las muestras químicas, físicas y biológicas recolectadas permitirán estudiar durante años la conectividad y vulnerabilidad de estos ecosistemas.
De acuerdo con Melisa Fernández Severini, del Instituto Argentino de Oceanografía, el material obtenido representa una oportunidad única para comprender tanto la riqueza como la fragilidad de estos ambientes extremos.
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Langosta en un lecho de conchas de almejas quimiosintéticas de los géneros Archivesica sp. y Calyptogena sp. Crédito: ROV SuBastian / Instituto Oceanográfico Schmidt .
El detalle inesperado: contaminación en el fondo del mar
Entre los registros también apareció un dato inquietante: residuos humanos en plena profundidad oceánica. Se documentaron bolsas, redes de pesca y hasta una cinta VHS en buen estado, conservada por la resistencia del plástico.
Este contraste refuerza un punto central de la investigación: mientras se descubren posibles nuevas especies, también se confirma que la huella humana ya alcanzó casi cualquier rincón del planeta.