11 de septiembre de 2026 - 18:25

Experto en adiestramiento advierte: "Saludar al perro al entrar casa genera sus peores conductas"

Víctor Mareño, adiestrador canino, advierte que acariciar al perro o jugar con él mientras salta y ladra puede reforzar malos modales.

Abrís la puerta y tu perro corre hacia vos, salta, ladra y mueve la cola esperando el reencuentro. La reacción más natural suele ser acariciarlo, hablarle con entusiasmo o comenzar a jugar inmediatamente. Sin embargo, ese gesto puede estar enseñándole algo muy diferente de lo que pretendés.

Según el adiestrador canino español Víctor Mareño, prestarle atención precisamente cuando se encuentra en su punto máximo de excitación puede reforzar ese comportamiento. Si saltar o ladrar termina siempre en caricias y atención, el perro puede aprender que esa es la manera de conseguirlas.

Qué aprende el perro cuando recibe caricias mientras salta y ladra

Una conducta que obtiene una consecuencia favorable tiene más posibilidades de repetirse.

Por eso, cuando el perro recibe inmediatamente aquello que busca (contacto, palabras, juego o caricias) después de saltar sobre una persona o ladrar, puede establecer una asociación sencilla: esa conducta funciona para conseguir atención.

Responder al recibimiento con la misma intensidad puede reforzar todavía más esa dinámica

El problema no es, por lo tanto, que el perro se alegre al ver nuevamente a su dueño. Lo que se busca evitar es convertir los saltos, ladridos y la agitación excesiva en el requisito aprendido para comenzar la interacción.

Qué hacer al entrar a casa si el perro está demasiado excitado

Mareño propone esperar unos instantes antes de ofrecerle atención.

  • Si el animal salta o ladra, conviene mantener una actitud tranquila y evitar responder inmediatamente con caricias, juegos o una voz especialmente efusiva. En algunos casos, unos segundos pueden bastar para que disminuya la intensidad.

Cuando el perro se calme, llega entonces el momento de interactuar con él

También puede utilizarse una indicación que el animal ya conozca, como “sentado”. Si responde y permanece tranquilo, esa conducta puede reforzarse con una caricia, palabras amables o una recompensa apropiada.

De esta manera cambia la asociación: saltar y ladrar no consigue inmediatamente la atención; recuperar la calma sí.

No se trata de ignorar al perro cuando volvés a casa

  • Esperar antes de acariciarlo no significa eliminar uno de los momentos de afecto más importantes del día.
  • El perro puede seguir recibiendo atención, contacto y juego. La diferencia consiste en ofrecerlos cuando presenta la conducta que se quiere fomentar, en lugar de hacerlo durante el momento de máxima agitación.
  • Así, el propio saludo puede convertirse en una oportunidad cotidiana para trabajar el autocontrol.

Cuál es el error que puede confundirlo aunque el ejercicio se haga bien

La constancia resulta especialmente importante.

Si un día los saltos no reciben atención, pero al siguiente alguien de la familia responde inmediatamente con caricias, al perro le resultará más difícil comprender qué comportamiento se espera de él.

Por eso, lo ideal es que quienes conviven con el animal sigan un criterio similar: mantener la calma durante el momento de mayor excitación y ofrecer atención cuando el perro también se tranquiliza.

Con repetición y paciencia, el saludo deja de premiar la agitación y comienza a reforzar una conducta mucho más útil: recibir a su familia con mayor calma.

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