3 de julio de 2026 - 13:42

¿Es más saludable beber agua de la canilla o agua embotellada comprada en el supermercado? Los expertos responden

La diferencia no está en el envase, sino en los controles, la instalación de la vivienda, la composición mineral y las condiciones de conservación.

Cuando el servicio público cumple las normas de potabilidad y la instalación del domicilio está en buenas condiciones, el agua de la canilla puede beberse con seguridad.

La situación cambia en lugares sin red controlada, viviendas abastecidas por pozos no analizados o edificios con tanques y cañerías deteriorados. En esos casos, una botella cerrada y correctamente almacenada puede ser una alternativa más confiable.

Las empresas proveedoras realizan controles desde la captación y el tratamiento hasta distintos puntos de la red. En el área atendida por AySA, por ejemplo, el seguimiento continúa durante el sistema de distribución hasta el límite de la línea municipal.

Ese último detalle es importante: una vez que el agua ingresa al edificio o a la vivienda, su calidad también puede depender de las cañerías internas, el tanque de reserva y el mantenimiento de las instalaciones.

Un suministro que sale correctamente de la red puede sufrir alteraciones si atraviesa un depósito sucio, una tapa rota, conexiones defectuosas o caños muy deteriorados.

El agua embotellada tampoco está libre de controles

Las aguas envasadas que se comercializan legalmente en la Argentina también deben cumplir las exigencias del Código Alimentario Argentino. El rótulo permite identificar al fabricante, el origen, el lote, la fecha correspondiente y su composición mineral.

Existen diferencias entre agua mineral natural, agua mineralizada artificialmente y agua potable envasada. Por eso, dos botellas pueden tener sabores y concentraciones de minerales distintas aunque ambas sean aptas para beber.

Una mayor cantidad de minerales no convierte automáticamente al producto en más saludable. Para la mayoría de las personas, la función principal sigue siendo hidratar.

Quienes tengan una indicación médica relacionada con el sodio, los riñones o determinadas sales deberían revisar la composición nutricional y consultar qué tipo de agua resulta más adecuado para su situación.

Entonces, ¿cuál es la opción más saludable?

En una ciudad con agua de red declarada potable, sin alertas sanitarias vigentes y con un tanque domiciliario bien mantenido, no hay evidencia que obligue a elegir agua embotellada para proteger la salud.

En ese escenario, el agua de la canilla presenta varias ventajas:

  • Está disponible de manera continua.
  • Tiene un costo considerablemente menor.
  • Evita transportar y descartar botellas.
  • Se encuentra sometida a controles del proveedor y del organismo regulador correspondiente.
  • No necesita permanecer almacenada durante semanas en comercios o depósitos.

La botella puede resultar conveniente durante viajes, emergencias, interrupciones del servicio o en zonas donde no se conoce la calidad de la fuente disponible.

Los microplásticos no permiten sacar una conclusión definitiva

Diversos estudios detectaron microplásticos tanto en agua de red como en productos embotellados. Una investigación difundida por los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos encontró una gran cantidad de partículas microscópicas en muestras de agua embotellada.

Otras revisiones observaron concentraciones generalmente mayores en botellas plásticas que en agua de la canilla. Sin embargo, todavía no está demostrado con precisión qué consecuencias producen esas cantidades sobre la salud humana.

Por lo tanto, la presencia de estas partículas no debería utilizarse como único criterio para declarar que una opción es peligrosa y la otra completamente segura. La evidencia continúa en desarrollo y los métodos de medición todavía presentan diferencias importantes.

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