9 de septiembre de 2026 - 21:00

En 1807, unos marineros dejaron cerdos en una isla remota de Nueva Zelanda: 192 años después, rescatistas vieron que los animales habían cambiado

Liberados a comienzos del siglo XIX como reserva de alimento, los cerdos quedaron aislados durante generaciones.

Las islas Auckland están ubicadas a unos 560 kilómetros al sur de la isla Sur de Nueva Zelanda, en una región subantártica conocida por sus fuertes vientos, bajas temperaturas y mares especialmente peligrosos. En 1807, el capitán Abraham Bristow liberó algunos cerdos en la isla Enderby y en el extremo norte de la isla Auckland.

La idea era sencilla: que esos animales funcionaran como una reserva de alimento para futuros náufragos o tripulaciones que necesitaran provisiones.

Con el paso de las décadas se produjeron nuevas liberaciones que aumentaron la población. Sin depredadores naturales y completamente librados a su suerte, los animales se reprodujeron durante generaciones en un ambiente extremadamente hostil.

Dos siglos de aislamiento transformaron a la población

Durante casi 200 años, estos cerdos permanecieron prácticamente desconectados de otras poblaciones porcinas del planeta.

Pero su presencia tuvo un costo para el ecosistema. Con el tiempo comenzaron a alimentarse de la vegetación nativa y a destruir nidos de aves marinas que anidan en el suelo, entre ellas petreles y albatros.

Por este motivo, el Departamento de Conservación de Nueva Zelanda impulsó un proyecto para erradicarlos de las islas y recuperar el equilibrio ecológico de la zona.

La medida, sin embargo, generó preocupación entre especialistas en conservación de razas animales. Después de tantas generaciones de aislamiento, los cerdos de Auckland se habían convertido en una población genéticamente particular que no existía en ningún otro lugar.

El rescate de 17 cerdos antes de la erradicación

En 1999, un pequeño grupo de conservacionistas viajó hasta la isla para intentar rescatar algunos ejemplares antes de que comenzara la erradicación.

La captura no fue sencilla. Los animales que encontraron eran muy diferentes de los cerdos domésticos de granja: tenían un cuerpo más delgado y musculoso y estaban adaptados a las duras condiciones de la isla.

El hambre era una amenaza constante y las condiciones de vida eran tan exigentes que las hembras reproductoras presentaban pocas mamas funcionales, una característica asociada a la baja supervivencia de las crías.

El hallazgo que sorprendió a los investigadores

Una vez en cautiverio, los investigadores descubrieron una característica inesperada: los cerdos presentaban una incidencia muy baja de numerosas infecciones habituales en las poblaciones porcinas comerciales.

El aislamiento durante generaciones había reducido considerablemente su exposición a enfermedades presentes en otros animales domésticos y salvajes.

Los estudios también detectaron la presencia de retrovirus endógenos porcinos, elementos genéticos que son especialmente relevantes para los científicos que investigan la posibilidad de utilizar tejidos y órganos animales en seres humanos.

De alimento para náufragos a la investigación contra enfermedades

El descubrimiento abrió una nueva posibilidad: utilizar estos animales en investigaciones vinculadas al xenotrasplante, una disciplina que estudia la transferencia de células, tejidos u órganos entre distintas especies.

Los cerdos de Auckland despertaron especial interés en investigaciones relacionadas con la diabetes tipo 1, debido a sus células de los islotes pancreáticos, responsables de producir insulina.

Algunas compañías comenzaron a estudiar y utilizar células procedentes de estos animales en ensayos clínicos iniciales, buscando alternativas para tratar enfermedades en las que las células productoras de insulina dejan de funcionar correctamente.

Los cerdos que quedaron en las islas tienen otro destino

Los 17 animales rescatados en 1999 permitieron preservar esta población fuera de las islas Auckland. Sus descendientes continúan siendo mantenidos en el territorio continental con fines de conservación e investigación.

Los ejemplares que permanecieron en las islas, en cambio, siguieron formando parte del ecosistema que el Departamento de Conservación busca restaurar. El proyecto Maukahuka contempla la erradicación de especies introducidas para proteger la vegetación y la fauna nativas.

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