Después de los 65 años, seguir aprendiendo, utilizar activamente el lenguaje y mantener ejercicios de ocio estimulantes puede contribuir a construir y conservar recursos cognitivos. Dos investigaciones de la SISSA de Trieste analizaron precisamente cómo la denominada reserva cognitiva se relaciona con capacidades como encontrar palabras y mantener información disponible mientras realizamos una tarea.
Los trabajos también incorporaron un elemento menos evidente: la manera de reconocer, comprender y gestionar las emociones. Los resultados relacionaron una mayor reserva cognitiva con un mejor desempeño lingüístico y de memoria de trabajo, mientras que determinados aspectos emocionales también influyeron en las respuestas de los participantes mayores de 65 años ante diferentes estímulos.
Es indispensable mantener actividades intelectualmente estimulantes y conservar recursos emocionales y sociales incluso después de los 65.
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Qué ejercicios mentales conviene mantener después de los 65
Los estudios no establecen una rutina cerrada de ejercicios que deba repetirse todos los días. Su conclusión apunta hacia un concepto más amplio: mantener experiencias intelectualmente estimulantes a lo largo de la vida.
La reserva cognitiva se construye mediante factores como educación, experiencias profesionales y actividades de ocio.
Trasladado a la vida cotidiana, esto puede incluir actividades que obliguen al cerebro a participar activamente, por ejemplo:
- Leer y posteriormente explicar o comentar lo leído.
- Aprender algo nuevo, como un idioma, una habilidad o una actividad artística.
- Mantener conversaciones que requieran recordar, argumentar y elaborar ideas.
- Practicar actividades que exijan resolver problemas y tomar decisiones.
- Escribir recuerdos, historias, cartas o pequeños textos.
- Participar en actividades sociales y de ocio que resulten mentalmente estimulantes.
No se trata de que una actividad concreta impida el deterioro cognitivo, sino de evitar reducir progresivamente las oportunidades de aprender, recordar y utilizar diferentes capacidades.
Qué es la reserva cognitiva y por qué resulta importante al envejecer
La reserva cognitiva puede entenderse como el conjunto de recursos que una persona desarrolla mediante las experiencias acumuladas durante su vida.
Educación, trabajo y actividades de ocio intelectualmente estimulantes forman parte de ese proceso.
- El equipo del laboratorio de Raffaella Rumiati, de la Escuela Internacional de Estudios Avanzados (SISSA) de Trieste, estudió este fenómeno en adultos mayores de 65 años.
- Uno de los trabajos encontró una asociación entre una mayor reserva cognitiva y mejores habilidades lingüísticas, incluida la capacidad de recuperar palabras y expresarse verbalmente.
Esto resulta especialmente relevante porque uno de los cambios que pueden aparecer con la edad es necesitar más tiempo para encontrar una determinada palabra.
El estudio encontró que en los adultos mayores estudiados, resultaba más fácil recuperar palabras vinculadas con emociones positivas que negativas.
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¿Qué ejercicio sencillo puede utilizarse para trabajar el lenguaje?
Una posibilidad práctica consiste en convertir actividades cotidianas en pequeños desafíos lingüísticos.
- Después de leer una noticia, mirar una película o realizar una actividad, por ejemplo, se puede intentar resumir lo ocurrido sin consultar nuevamente la información.
- También puede elegirse una categoría (animales, ciudades, alimentos o profesiones) e intentar mencionar distintas palabras pertenecientes a ella durante un período determinado.
- Otra alternativa consiste en observar un objeto y describirlo detalladamente sin utilizar su nombre.
Estos ejercicios obligan a buscar palabras, recuperar información y construir expresiones, aunque no deben presentarse como un tratamiento médico ni como ejercicios específicos probados por estos estudios para prevenir enfermedades.
¿Por qué la memoria de trabajo también importa después de los 65?
La segunda investigación encontró que la reserva cognitiva también se relacionaba con la memoria de trabajo.
Esta capacidad permite mantener temporalmente información disponible mientras se utiliza.
Interviene, por ejemplo, cuando una persona escucha una dirección y la retiene durante unos instantes, sigue varios pasos de una instrucción o realiza mentalmente una cuenta.
Para ponerla en funcionamiento pueden realizarse tareas cotidianas sencillas: recordar una pequeña lista antes de comprobarla, hacer cálculos mentales simples o intentar seguir instrucciones de varios pasos.
La dificultad debe ser razonable. El objetivo no es provocar frustración, sino mantener una participación mental activa.
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Si aparecen pérdidas de memoria nuevas, progresivas o que interfieren con las actividades cotidianas, los ejercicios caseros no sustituyen una evaluación médica.