Mudarse con una nueva pareja después de los 50 puede marcar un antes y un después en la felicidad personal. Así lo sugiere un estudio liderado por la psicóloga Iris Wahring, de la Universidad de Viena, que analizó cómo ciertos cambios afectivos en las parejas influyen en el bienestar emocional en la segunda mitad de la vida.
Durante años, la ciencia se enfocó en las pérdidas afectivas propias del envejecimiento, como el duelo o las separaciones. Sin embargo, esta investigación puso el foco en los llamados “eventos de ganancia”: cuando una persona mayor inicia una nueva relación y decide compartir su vida cotidiana con alguien más.
parejas de 50 años
En las parejas mayores de 50 años su satisfacción vital aumenta por un pequeño detalle.
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Convivir, el factor que transforma la satisfacción con la vida
El trabajo analizó datos de 2.840 personas de entre 50 y 95 años pertenecientes a un estudio longitudinal sobre salud y jubilación.
La especialista observó cómo variaban los niveles de satisfacción vital y los síntomas depresivos cuando los participantes comenzaban una relación, se mudaban con su pareja o contraían matrimonio.
El hallazgo principal fue contundente
El bienestar aumenta de manera significativa cuando las personas deciden convivir con una nueva pareja. Compartir el hogar (cohabitar), las rutinas y el día a día resultó ser el verdadero punto de inflexión emocional, más allá del estado civil.
Incluso, el estudio detectó que formalizar la relación con un casamiento posterior no generaba mejoras adicionales en la felicidad si la pareja ya vivía junta. En otras palabras, la convivencia por sí misma parece aportar el beneficio emocional clave.
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En las parejas mayores de 50 años su satisfacción vital aumenta por un pequeño detalle.
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Nuevas relaciones, resiliencia y bienestar en la madurez
Otro aspecto llamativo es que las rupturas sentimentales en esta etapa no provocaron caídas importantes en el bienestar general, algo que contradice ideas previas.
La investigación sugiere que las personas mayores cuentan con recursos emocionales y redes sociales que les permiten atravesar mejor estos cambios.
Además, el efecto positivo de convivir con una nueva pareja fue similar tanto en hombres como en mujeres, pese a que ellos suelen reportar menor apoyo emocional externo. Esto indica que el impacto de compartir la vida cotidiana funciona de manera transversal.
El estudio aclara que se trata de tendencias generales y que cada historia personal puede ser diferente. Aun así, el estudio abre una mirada optimista sobre las relaciones en la madurez: el amor después de los 50 no solo es posible, sino que puede convertirse en una fuente concreta de bienestar cuando se decide dar un paso hacia la convivencia.
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Lejos de los estereotipos, la felicidad en pareja durante la segunda mitad de la vida no depende tanto de formalidades como de decisiones prácticas. Compartir el hogar y la rutina diaria emerge como el detalle que puede potenciar la satisfacción vital, demostrando que nunca es tarde para construir una vida afectiva plena.