17 de agosto de 2026 - 19:00

Cubrieron un terreno degradado con toneladas de un residuo que nadie quería y años después la vegetación volvió a crecer

Un proyecto de ciencia utilizó residuos orgánicos para recuperar terrenos mineros degradados y consiguió favorecer el regreso de la naturaleza y la vegetación.

El desafío era considerable. Los depósitos de roca y relaves mineros presentan condiciones muy diferentes de las de un suelo fértil: escasez de materia orgánica y nutrientes, además de dificultades para retener agua. Highland Valley Copper comenzó en 1996 un programa experimental utilizando biosólidos —material orgánico tratado procedente de aguas residuales— para complementar la recuperación de estas superficies antes de revegetarlas.

El residuo que utilizaron para intentar recuperar el terreno

Los biosólidos no son aguas residuales vertidas directamente sobre la tierra. Son sólidos provenientes del tratamiento de aguas que atraviesan procesos específicos antes de determinados usos. En este proyecto se emplearon biosólidos tratados y deshidratados con la intención de aportar nutrientes y mejorar la retención de agua de materiales extremadamente pobres para el crecimiento vegetal.

El programa pasó de experimental a operativo en 1998. Posteriormente, los científicos estudiaron aspectos como la química del suelo y las hojas, la capacidad para retener humedad, la biomasa y la composición de la vegetación. El objetivo no era simplemente conseguir que apareciera pasto durante unos meses, sino observar si el tratamiento podía favorecer una recuperación más persistente.

Para seguir la evolución, desde 2001 comenzaron a realizarse relevamientos multiespectrales aéreos de las zonas revegetadas. Los investigadores utilizaron índices capaces de estimar la cobertura verde y la biomasa y compararon los resultados durante años. El monitoreo incluyó depósitos de relaves y escombreras de roca tratadas bajo diferentes condiciones.

Qué encontraron los investigadores años después

El seguimiento mostró que los sectores tratados con biosólidos podían presentar mayor biomasa vegetal que áreas comparables sin ese tratamiento, aunque los resultados variaban según el sitio y la cantidad aplicada. La recuperación, por lo tanto, no dependía simplemente de arrojar un residuo sobre el terreno: requería planificación, revegetación y monitoreo prolongado.

La estrategia forma parte de un campo más amplio de restauración ambiental. La utilización de materiales orgánicos reciclados en antiguos terrenos mineros se investiga porque puede mejorar propiedades físicas y químicas del suelo, pero también exige controlar contaminantes, nutrientes y posibles impactos ecológicos antes de decidir dónde resulta apropiada.

El caso de Highland Valley muestra así una transformación poco intuitiva: un material procedente del tratamiento de residuos terminó utilizándose como herramienta para ayudar a devolver vegetación a superficies profundamente alteradas. Décadas de seguimiento convirtieron aquella prueba en un ejemplo de cómo ciencia, reciclaje, naturaleza y medio ambiente pueden cruzarse en la recuperación de terrenos degradados.

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