La ciencia encontró en la erupción que sepultó Pompeya una referencia para mejorar la datación de materiales volcánicos. Al analizar minerales expulsados por el Vesubio en el año 79, los investigadores pudieron comparar un cálculo de laboratorio con un acontecimiento documentado. Esa conexión permitió afinar un “reloj” geológico.
El trabajo reunió especialistas del Centro de Geocronología de Berkeley, la Universidad de California en Berkeley y la Universidad de Padua. El estudio se publicó el 25 de septiembre en Science Advances; su difusión en ScienceDaily llegó el 30. El avance mejora una técnica existente, conocida como argón-argón.
Qué minerales del Vesubio analizaron para poner a prueba el reloj
Los investigadores estudiaron sanidina, un mineral rico en potasio presente en la piedra pómez. Las muestras procedían de Oplontis, otra localidad romana alcanzada por la erupción, cercana a Pompeya. Habían sido recolectadas por Andrea Marzoli en depósitos correspondientes a las primeras etapas del episodio volcánico.
El método aprovecha una transformación natural: parte del potasio radiactivo se convierte en argón con el paso del tiempo. En el laboratorio, las muestras se irradian con neutrones y se comparan distintas formas de argón. Esa relación permite calcular una edad, bajo las condiciones necesarias para aplicar la técnica.
La ventaja del Vesubio es que el resultado puede contrastarse con registros históricos. En muchos materiales geológicos, los científicos no cuentan con un año conocido de manera independiente. La erupción del 79 ofrece un punto de comprobación excepcional, aunque su mes y día exactos siguen siendo objeto de debate.
El equipo adoptó una referencia histórica con un margen de dos meses para esa discusión. El estudio no demuestra que la erupción ocurriera en un día determinado: utiliza una cronología suficientemente acotada para evaluar el comportamiento del método de datación.
Qué precisión alcanzaron y por qué importa para estudiar el pasado
El análisis situó la erupción 1.938 años antes de las mediciones realizadas en 2025, con una incertidumbre de 13 años, expresada como una desviación estándar. El estudio informa una precisión del 0,7 % y una exactitud del 0,4 %, un resultado destacado para materiales tan recientes en términos geológicos.
Precisión y exactitud describen aspectos diferentes. La primera se relaciona con la dispersión de las mediciones; la segunda, con su cercanía al valor de referencia. Obtener resultados parecidos entre sí no basta si todos están alejados de la edad correcta. Pompeya permite examinar ambas cuestiones.
La mejora combinó avances en espectrometría de masas, en la estrategia de irradiación y en el control de interferencias. Los datos también ayudaron a precisar un parámetro de la transformación del potasio en argón. Ese ajuste puede beneficiar mediciones de edades muy distintas, no solamente el análisis de esta erupción.
Para la ciencia, ordenar mejor los acontecimientos permite evaluar cómo se relacionan erupciones, cambios ambientales y extinciones. Una fecha más precisa ayuda a comprobar qué ocurrió primero, aunque no demuestra por sí sola que un acontecimiento haya causado otro. Esa relación necesita evidencias adicionales.
El alcance tampoco es una promesa de incertidumbre cero. Los 13 años corresponden a este análisis y no se trasladan automáticamente a cualquier roca. El valor del hallazgo está en mejorar y contrastar la datación: los minerales del Vesubio aportan una referencia para leer con mayor confianza otros capítulos de la historia terrestre.