El romero es una de las plantas aromáticas más fáciles de multiplicar mediante esquejes. Con algunos cuidados básicos y un ambiente húmedo, es posible obtener nuevas plantas en pocas semanas sin necesidad de utilizar hormonas de enraizamiento.
El paso a paso, los cuidados durante el enraizamiento y el momento ideal para trasplantar la planta de romero.
El romero es una de las plantas aromáticas más fáciles de multiplicar mediante esquejes. Con algunos cuidados básicos y un ambiente húmedo, es posible obtener nuevas plantas en pocas semanas sin necesidad de utilizar hormonas de enraizamiento.
La clave está en elegir ramas saludables, preparar correctamente los tallos y mantener una humedad constante mientras se desarrollan las raíces.
Antes de plantar, es importante seleccionar ramas vigorosas. Si utilizás romero fresco comprado en el mercado, elegí los tallos más gruesos y firmes.
Cortá las ramas por encima de dos brotes.
Retirá las hojas de la parte inferior del tallo.
Realizá un corte en diagonal en la base de cada esqueje.
Prepará los recipientes con una tierra liviana y bien drenada.
Una vez listos, podés elegir cualquiera de estos tres métodos de enraizamiento.
Este es el sistema más práctico para quienes disponen de poco espacio.
Utilizá una maceta o bandeja con orificios de drenaje.
Colocá unos 5 centímetros de tierra.
Plantá los esquejes dejando separación entre ellos.
Presioná suavemente la tierra y regá.
Cubrí el recipiente con una bolsa transparente perforada para conservar la humedad.
Ubicalo en un sitio muy iluminado, pero sin recibir sol directo. El trasplante puede realizarse cuando aparezcan nuevos brotes y las raíces sean visibles por la base.
Un cajón de madera puede transformarse fácilmente en un excelente propagador casero.
Revestí el interior con plástico perforado para permitir el drenaje.
Llená con tierra y colocá los esquejes.
Presioná bien el sustrato alrededor de cada rama para evitar movimientos.
Perforá completamente la base del balde.
Agregá tierra dejando varios centímetros libres en la parte superior.
Plantá los esquejes y regá el sustrato.
Humedecé las paredes internas del balde.
Cubrí con un plástico transparente perforado.
Clavá cuatro estacas en las esquinas y cubrí todo con plástico transparente.
Este método crea una cámara húmeda muy eficaz para favorecer el enraizamiento.
El recipiente debe permanecer en un lugar luminoso y protegido del sol intenso del mediodía. Una ventilación semanal suele ser suficiente.