Los anteojos son un accesorio esencial para millones de personas, pero también uno de los más expuestos a la suciedad. Huellas, polvo, gotas de lluvia o maquillaje suelen acumularse en los cristales, afectando la visión y dañando los tratamientos antirreflejo.
Limpiarlos con la remera o un pañuelo de papel puede parecer rápido, pero según la Asociación Americana de Optometría (2024) es la principal causa de rayas en los lentes.
Materiales necesarios
Paso a paso para una limpieza segura
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Lavar las manos: asegurarse de que estén libres de crema o grasa antes de tocar los lentes.
Enjuagar los anteojos: pasarlos bajo un chorro suave de agua tibia para eliminar polvo y partículas.
Aplicar jabón neutro: colocar una gota pequeña en cada lente y frotar suavemente con las yemas de los dedos, incluyendo armazón y patillas.
Enjuagar bien: retirar todos los restos de jabón bajo el agua.
Secar con microfibra: usar un paño exclusivo para lentes, sin apretar demasiado, hasta que queden completamente limpios.
Qué evitar al limpiar los vidrios
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No usar limpiavidrios, alcohol o productos con amoníaco: deterioran los tratamientos antirreflejo.
No secar con servilletas, papel higiénico o la ropa: dejan pelusa y rayan el cristal.
No usar agua caliente: puede deformar el armazón o dañar recubrimientos.
Beneficios de limpiarlos correctamente
Mantener los anteojos limpios mejora la visión, prolonga la vida útil de los cristales y reduce la fatiga visual. Además, una limpieza adecuada ayuda a prevenir infecciones oculares al eliminar bacterias que se acumulan en las superficies.
Con agua tibia, jabón neutro y un paño de microfibra, los anteojos quedan impecables en pocos minutos. Un método simple, económico y seguro que preserva los tratamientos y garantiza una visión clara todos los días.