Fabricio Cagnín, ahora conocido como Chio, su alias artístico, es el hijo de Gilda, la cantante popular fallecida. “Durante 26 años, lloré y hasta ignoré cada 7 de septiembre. Hoy por primera vez, lo celebro. ‘Crují’ es un abrazo a mi historia”, afirma una canción que acaba de lanzar el joven en honor a su madre.
Fabricio es hijo de Miriam Bianchi, conocida mundialmente como Gilda. En coincidencia con un nuevo aniversario de la muerte de su madre, se lanza a su carrera musical con esta canción en la que relata desde su perspectiva cómo fue el accidente que le quitó la vida a la popular cantante de cumbia.
Mariel y Fabricio Cagnin, junto a Gilda, su mamá.
“Crují” es el primer corte del disco que pronto saldrá a la luz. En este lanzamiento cuenta con crudeza y dulzura como fue ver partir a su mamá siendo apenas un niño de 8 años y estando presente en el trágico accidente ocurrido el 7 de septiembre de 1996.
El hijo de Gilda lanzó "Crují", en el día del aniversario del trágico accidente
Chio nació en Buenos Aires hace 34 años. Su vida cambió para siempre en el momento del accidente. Y, desde ese momento hasta hoy, su vida fue en silencio, transitando un camino de supervivencia, permitiéndose de a poco encontrarse con el dolor irreparable de la pérdida. Así, sus composiciones le permitieron expresar y liberar cada uno de los sentimientos encontrados. Fue la música lo que le quitó todo y lo que, paradójicamente, lo ayudó a sanar y seguir adelante. Hoy se anima a dar el paso y compartir por primera vez sus sentimientos y su historia de vida.
Chio, hijo de Gilda, lanzó la canción "Crují".
El disco que en breve presentará Chio se trata de una “recopilación de un proceso de sanación y superación, de principio a fin”, tal como se anuncia en la gacetilla de prensa sobre este lanzamiento. Desde la selección de sus temas, el nombre, la locación del video lanzamiento, el concepto e incluso la fecha de estreno.
Al principio su intención no era lanzar la primera canción de su carrera en esta fecha tan especial y dolorosa. Hace un año, Chio tenía los mismos planes pero las prioridades cambiaron y debió ocuparse de la salud de su papá. Todo quedó suspendido y al retomar el trabajo, los tiempos, la vida y el universo volvieron a llevarlo a la fecha de la que él renegaba.
Así fue como entendió que no era casualidad y que había llegado el momento de darle un nuevo significado a este día, con la intención de convertir el dolor en vida. Transformar la despedida en un nuevo comienzo. Y por sobre todas las cosas, resignificar aquel 7 de septiembre en el que la vida se le destruyó en mil pedazos perdiendo a su madre, su hermana y su abuela.