El Morus alba, conocido popularmente como morera, suele ser una de las especies de planta más elegidas para jardines, veredas y patios por su rápido crecimiento y la amplia sombra que ofrece durante gran parte del año. Sin embargo, aunque a simple vista parece una opción ideal para espacios verdes, su presencia puede generar problemas importantes si se planta demasiado cerca de casa.
resiembra de césped en otoño
Sembrar en esta estación es una estrategia que mejora el aspecto inmediato del jardín.
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Por qué no recomiendan esta especie para los jardines
El principal inconveniente está en sus frutos. Las moras que caen al suelo y no se retiran a tiempo comienzan a fermentar y liberan un aroma dulce muy intenso que atrae con facilidad a ratas, ratones y otros roedores. Esa acumulación termina funcionando como una fuente constante de alimento, lo que favorece la aparición de plagas cerca del hogar.
Además del problema con los roedores, la descomposición de estas frutas genera humedad alrededor del árbol, una condición que también facilita la proliferación de insectos. Moscas, hormigas y otros pequeños invasores encuentran allí un ambiente propicio para instalarse, lo que puede afectar no solo al jardín sino también al interior de la casa si el árbol está demasiado próximo.
Los árboles urbanos también sufren estrés y pueden enfermarse más
Más allá del caso puntual de la morera, una investigación reciente reveló que los árboles que crecen en las ciudades también enfrentan condiciones adversas que afectan seriamente su salud. Un estudio desarrollado por el laboratorio Bhatnagar de la Universidad de Boston detectó que los ejemplares urbanos presentan mayores niveles de estrés y una alteración importante en las comunidades de microbios que los rodean.
Los resultados mostraron que estos árboles pierden hongos beneficiosos esenciales para su desarrollo, mientras aumentan bacterias asociadas a enfermedades y emisiones contaminantes. Este cambio preocupa a los especialistas porque no solo debilita a las plantas, sino que también impacta de manera directa en la calidad ambiental de las ciudades.
Entre los principales hallazgos apareció una disminución significativa de los hongos ectomicorrícicos, fundamentales para fortalecer las raíces, mejorar la absorción de agua y nutrientes y actuar como una defensa natural frente a distintas enfermedades. Sin esa protección, los árboles quedan más expuestos al deterioro.
El impacto ambiental que preocupa a los especialistas
El estudio también detectó la aparición de bacterias oportunistas capaces de emitir óxido nitroso, un gas con un poder de calentamiento global hasta 300 veces superior al dióxido de carbono. Este dato encendió una alerta importante entre los investigadores por sus posibles consecuencias ambientales a largo plazo.