Llegar a los 60 no exige llenar la despensa de productos exóticos. La nutricionista Anna Serra reivindica alimentos cotidianos como las legumbres, verduras, frutos secos, huevos, pescado y aceite de oliva frente a la idea de que determinados “superalimentos” resultan imprescindibles para conservar la salud durante el envejecimiento.
Su ejemplo es especialmente sencillo: “Un plato de lentejas con verduras y aceite de oliva puede ser nutricionalmente más valioso que muchos superalimentos caros que se compran por simple tranquilidad”, afirmó. La clave, sostiene, no está en un ingrediente milagroso, sino en mantener un patrón alimentario adecuado y acompañarlo con actividad física.
Las fuentes de proteína y los acompañamientos pueden cambiar para mantener variedad.
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Por qué las lentejas pueden ser más interesantes que muchos “superalimentos”
La palabra “superalimento” no define una categoría nutricional que convierta automáticamente un producto en superior al resto de la dieta.
- Las lentejas, en cambio, reúnen características concretas: proporcionan proteína vegetal, fibra, hierro, folato, potasio y otros micronutrientes, aunque su composición exacta depende de la variedad y la preparación.
- Al combinarlas con verduras y aceite de oliva se incorporan diferentes nutrientes en una misma comida. Eso no convierte al plato en un tratamiento “antienvejecimiento”, pero sí en una opción compatible con un patrón alimentario de buena calidad.
- Serra menciona diez grupos de alimentos habituales que pueden formar parte de esa estrategia: aceite de oliva, frutos secos, legumbres, pescado azul, carnes magras, huevos, frutas, verduras, cereales integrales y lácteos fermentados.
Su planteamiento tiene una distinción importante: ninguno resulta imprescindible de manera aislada. Lo que cuenta es el conjunto de la alimentación y su continuidad en el tiempo.
Qué cambia en la alimentación cuando se llega a los 60 años
- El envejecimiento está acompañado por cambios en la composición corporal y, entre ellos, una pérdida progresiva de masa y función muscular.
- La sarcopenia describe una alteración relacionada con la disminución de fuerza, cantidad o calidad muscular y rendimiento físico. Sin embargo, no debe asumirse que cualquier pérdida muscular a partir de cierta edad significa automáticamente padecerla.
- Al mismo tiempo, las necesidades energéticas pueden disminuir en algunas personas mientras determinados nutrientes siguen siendo importantes.
Por eso, una alimentación para adultos mayores no debería limitarse simplemente a “comer menos”. Importa mantener una densidad nutricional adecuada, con suficiente proteína y alimentos que aporten fibra, calcio, vitamina D y otros nutrientes según las necesidades individuales.
La alimentación debe adaptarse además al apetito, actividad física, enfermedades, medicación, capacidad para masticar o tragar y situación nutricional de cada persona.
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Cuánta proteína necesita una persona después de los 60
La referencia tradicional para un adulto sano se sitúa alrededor de 0,8 gramos de proteína por kilogramo de peso corporal al día, pero las necesidades pueden ser mayores en determinadas personas mayores, especialmente según su actividad física, estado nutricional y situación clínica.
Serra señala cantidades superiores para personas físicamente activas y destaca además la conveniencia de distribuir las fuentes de proteína durante el día, en lugar de concentrarlas exclusivamente en una comida.
Pero aumentar la proteína indiscriminadamente tampoco es la respuesta. La cantidad apropiada debe individualizarse, particularmente cuando existen enfermedades renales u otras condiciones médicas.
¿Por qué comer bien no basta para conservar los músculos?
Este es uno de los puntos centrales del planteamiento de Serra: la alimentación por sí sola no reemplaza el estímulo que proporciona el ejercicio.
Las recomendaciones de actividad física de la Organización Mundial de la Salud incluyen actividades de fortalecimiento de los principales grupos musculares al menos dos días por semana para los adultos.
No existe un menú universal para todas las personas mayores.
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Ahí reside la principal diferencia entre alimentarse bien y perseguir un “superalimento”. Cumplir 60 años no hace necesario encontrar un ingrediente extraordinario: vuelve más importante que proteínas, vegetales y otros alimentos nutritivos aparezcan de manera suficiente y constante en la dieta, mientras los músculos continúan recibiendo el estímulo del ejercicio.