Hay frases de las madres que parecen pertenecer exclusivamente a la infancia, pero que sobreviven mucho después de que una persona abandona la casa familiar. Aparecen al hacer las compras, al preocuparse por un amigo que todavía no avisó que llegó o al comparar la propia vida con la de los demás.
Si alguien creció con una madre de la generación de los baby boomers, probablemente reconozca varias de ellas. Las ha escuchado durante años y, quizá, también las repite. Lo curioso es que muchas veces recién las identifica cuando las ve escritas.
1. “Tenemos comida en casa”
Son las siete de la tarde y alguien está mirando una aplicación de delivery. Tiene el dedo sobre una hamburguesa o una ensalada que cuesta una pequeña fortuna cuando, de repente, aparece la frase en su cabeza:
“Tenemos comida en casa”. La aplicación se cierra. La heladera se abre. Hay medio morrón, unas sobras de arroz y quizá un par de huevos. De alguna manera, eso alcanza para que la frase de mamá haya ganado otra vez.
2. “Un poco de aire fresco te va a hacer bien”
Después de un mal día en el trabajo, una discusión con un amigo o una de esas tardes de domingo que se sienten extrañas sin una razón concreta, aparece una reacción inesperada: ponerse las zapatillas y salir a caminar unas cuadras.
No siempre se piensa de dónde salió esa costumbre.
Durante la infancia, la madre podía recomendar “un poco de aire fresco” ante casi cualquier problema: un dolor de panza, aburrimiento, mal humor o simplemente demasiadas horas encerrado en casa.
3. “Llamame cuando llegues”
Un amigo sale de una casa a las diez de la noche y, antes de que llegue al ascensor, ya recibió el mensaje:
“Mandame un mensaje cuando llegues”. Un compañero de trabajo comenta que tiene que hacer un viaje largo y aparece la misma recomendación. Alguien de la familia sale de madrugada y vuelve a escucharla. No necesariamente se trata de controlar a los demás. Es una preocupación que se convirtió en reflejo.
Personas nacidas en los 60 y 70
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4. “No me importa lo que hagan los demás”
“No me importa lo que hagan los demás”. La frase podía aparecer cuando otros chicos tenían los jeans de moda, cuando todos conseguían permiso para ir a una fiesta, cuando una amiga se quedaba a dormir en la casa de alguien o cuando parecía que los padres de todos permitían algo que en esa familia estaba prohibido.
De chico, era difícil entender el argumento. Si todos los demás podían hacerlo, ¿por qué justamente él no? Con el tiempo, la lógica empieza a adquirir otro sentido.