29 de agosto de 2019 - 00:00

Ponerse la 10 - Por Gabriela N. Sánchez

Actitudes como la de la nadadora Delfina Pignatiello contagian. Habla con humildad del trabajo en equipo. Y es una gran ganadora.

La natación argentina llegó hace unas semanas a todos los medios gracias a Delfina Pignatiello, la  estrella de 19 años que brilló en los Juegos Panamericanos Lima 2019 porque ganó tres medallas de oro (400, 800 y 1500 metros libres).

Entre cientos de notas y entrevistas, sus compañeros de equipo resaltaron una cualidad de Delfina: “Ella entrena y cree que va a ganar. Esa energía se contagia”. Esa es la actitud ganadora que quedó clara en sus declaraciones con los medios cuando dijo que “no era ninguna sorpresa” el desempeño de la selección en los Juegos porque “como equipo nos pusimos la 10, nos alentamos entre todos y eso nos hizo fuertes para dar lo mejor en todas las pruebas”.

Muy pocas cosas se comparan con nadar. La sensación del agua, el silencio, la respiración y los pensamientos que vienen de a miles a la cabeza. Estas son algunos de los detalles que los médicos olvidan decir cuando recomiendan hacer natación a los pacientes para mejorar su calidad de vida. El “ponerse la 10” en una pileta no es una tarea sencilla y en un deporte que se caracteriza por el trabajo individual encontrar compañeros que te alienten a superar los límites no es fácil.

Tampoco es fácil encontrar ese tipo de personas que se la “creen” y animan a su equipo en el resto de las actividades diarias. Los factores son varios: esa confianza se interpreta como soberbia, la modestia se ve como una cualidad y la seguridad en uno mismo se confunde con arrogancia. Nada más lejano.

El ejemplo claro es Delfina. La nadadora nacida en San Isidro no solo tiene cualidades para la disciplina, también se entrena, se esfuerza y gana. Pero más allá de acumular méritos deportivos prefiere hablar de su vida, su abuela que falleció y sus gustos personales. En las redes sociales mantiene una excelente relación con sus seguidores, que llevan su agenda día a día.

Cuando le ponen un micrófono no habla de sus medallas, habla del equipo, de cómo entrenaron y resalta lo bien que se llevaron durante sus jornadas de trabajo y de cómo eso se reflejó en el agua durante la competencia. También cuando ve una cámara no duda en mostrarse como la adolescente que es: hace gestos, caras, ademanes y poses típicas de otros chicos de su edad.

Quizás la clave para “ponerse la 10” está ahí: en hacer lo que a uno le gusta, disfrutarlo, esforzarse, compartir y alentar a las personas a nuestro alrededor para que vivan lo que hacen con las mismas ganas.

Creérsela de vez en cuando no es pecado, porque es peor la falsa humildad que una persona que reconoce lo que vale  y se enorgullece de sus logros. Y si nos cruzamos a uno que “anda con la 10 puesta” tratemos de no tirarlo abajo y criticarlo, porque es muy probable que aprendamos más en su equipo que en la vereda de la envidia.

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