Batakis alista su equipo y prepara medidas con un objetivo: estabilizar para que no estalle

Silvina Batakis, ministra de Economía de la Nación. (AP)
Silvina Batakis, ministra de Economía de la Nación. (AP)

La ministra buscará dar una señal al mercado para reducir tensiones. Intentará que los bancos se vuelquen al “riesgo Tesoro” y habrá suba de tasas. Su diálogo con Alberto y con Cristina.

Silvina Batakis está encerrada en quinto piso de Economía, con un grupo de colaboradores. Pasa todo el día allí. Tiene definidos quiénes ocuparán las secretarías. Pero no quiere presentarlos sin antes tener decidir un paquete inicial de medidas. Entiende que lo más complejo va a ser tocar las expectativas. Y no quiere perder la bala de plata de entrada.

Batakis está en contacto directo con Olivos. Habla seguido con el Presidente. Y el lunes a la mañana tuvo una charla con la vicepresidenta Cristina Kirchner. Le anticipó con quiénes trabajará. Y la líder del Frente de Todos asintió, sin grandilocuencias. A esta altura, Cristina tiene un solo objetivo: retener el poder en 2023. Y no le firma un cheque en blanco a nadie.

Incluso antes de jurar, Batakis le fue frontal. Su foco está en un objetivo tan urgente como primordial: evitar estalle. La situación macroeconómica tendía a ordenarse en el primer trimestre, en línea con lo exigido por el FMI. Pero en el segundo semestre, se desmadró por aquello que el cristinismo se negó a corregir: los subsidios.

La ejecución de los subsidios energéticos se aceleró nuevamente en junio de 2022, con un aumento del 87% nominal en la comparación interanual (+14,5% en términos reales), señaló el Grupo de Estudios de la Realidad Económica y Social (GERES). En el acumulado enero-junio, la expansión fue del 117% (o 38,2% en términos reales). Insostenible para un Estado deficitario.

“O lo ordenamos nosotros o lo va a hacer el mercado”, es una de las frases que repite Batakis en sus reuniones, según una fuente de su entorno. “Esto hay que corregir ya”, es otra frase muy usada por la funcionaria. En su despacho, a la izquierda del escritorio, hay seis pantallas: sigue el dólar, bonos y acciones. “Ya nos van a conocer”, tranquiliza a su equipo al analizar los mercados.

El martes Batakis se reunió con dos personajes que fueron clave para la renuncia de Martín Gumzán, porque no le cumplieron como él les pidió: Darío Martínez, el secretario de Energía, y Federico Basualdo, subsecretario de Energía Eléctrica. La ministra los emplazó: “Tenemos julio para terminar con la segmentación de tarifas. No hay más tiempo”. Si no se aplica, se necesitarán 750.000 millones para subsidios hasta fin de año. El Tesoro no los tiene.

Gastos e impuestos

El ajuste de cuentas que impulsa Batakis tiene dos frentes: reducir subsidios y enterrar, al menos por ahora, el Ingreso Básico Universal para desacelerar el gasto. Y apurar la ley para aumentar con una tasa extraordinaria de 15% del Impuesto a las Ganancias a las grandes empresas que ganaron más de 1.000 millones en 2021; herencia de Guzmán. La debilidad política del Gobierno hizo que la funcionaria descartara pensar en las retenciones.

También Batakis tiene en agenda trabajar con Mercedes Marcó del Ponto, de la AFIP, en medidas tributarias: impulsar un blanqueo de actividades informales es una iniciativa, no solo para que crezca la base tributaria sino también para que los actores se conviertan en sujetos de crédito. Y con Guillermo Michel, de la Dirección General de Aduanas, quiere ponerle la lupa a la evasión. Hay un sector que le preocupa a la ministra: los puertos.

En sus charlas con el Presidente y con la vice, por separado, Batakis les fue frontal al advertirles que sin estabilizar el país no hay chances de pensar en que “hay 2023″, parafraseando a los que se entusiasman con retener el poder. Es una certeza compartida por la funcionaria con los gobernadores del PJ, quienes la respaldaron en forma unánime y con los que habla por Whatsapp en forma cotidiana por el rol que tuvo en la Secretaría de Provincias.

En ellos se apoyará Batakis para la contención de lo que será el paulatino desarme y desconcentración de los planes sociales. Ese trabajo ya comenzó en una mesa de trabajo del ministro de Desarrollo Social, Juan Zabaletta, con Gildo Insfrán (Formosa), Jorge Capitanich (Chaco), Gerardo Zamora (Santiago del Estero) y Raúl Jalil (Catamarca). Pero la funcionaria pide celeridad para construir puentes con la demanda de empleo del sector privado.

Urgencias

En lo inmediato, hay otras urgencias. Y una de las principales son los vencimientos de deuda: entre este mes y diciembre, hay compromisos por el equivalente a unos 24.620 millones de dólares. El mes más exigente en lo que resta del año será septiembre, con vencimientos por 1,1 billones de pesos. Pero en julio hay exigencias también: 513.458 millones de pesos de capital y 18.824 de intereses.

Para evitar que el mercado le dé la espalda y esto se convierta en una crisis de financiamiento para el Tesoro, Batakis convalidará una fuerte suba de tasas de interés. Con esa estrategia, buscará un objetivo doble: que los bancos vayan masivamente al “riesgo Tesoro” y empiecen a desarmar posiciones en Letras de Liquidez (Leliq) y Pases Pasivos del Banco Central, dado que eso ya conforma un bola de 6,72 billones de pesos.

Batakis quiere jugar con señales certeras. En los últimos veinte días, el Banco Central tuvo que imprimir 880 mil millones de pesos para rescatar bonos que estaban a precios basura en el mercado. La entidad monetaria está oficiando de prestamista de última instancia. Pero no es una estrategia sostenible dada su pésima hoja de balance. Y en un escenario de desconfianza creciente e incertidumbre, el estallido podría venir por allí. Además, piensa que las Leliqs no sirven, las considera “inflación reprimida”.

En paralelo, habrá una nueva suba de tasas (la séptima del año) para los depósitos de los ahorristas. Aumentar la liquidez de los bancos para que haya más crédito disponible, es una meta. Que los ahorristas se queden más en plazos fijos en pesos y vayan un poco menos al dólar, es otra. Así, cree Batakis, se podría morigerar la fortísima presión devaluatoria actual, en un momento en el que la brecha entre el “blue” y el mayorista es del 98%.

Batakis y Miguel Pesce, presidente del Banco Central, hablan todos los días. Tienen una coincidencia de origen: una suba de tasas no le tirará el freno de manos a la actividad económica (que viene creciendo al 5,1% anual) porque el crédito al sector privado está en apenas 8,5% del Producto Interno Bruto (PIB). Aunque, si hay que cambiar una porción de recuperación por una de estabilidad, ambos firman.

La ministra de Economía no rechaza el déficit fiscal, pero como mecanismo contracíclico. Ahora, está desesperada por trazar un programa que tienda al equilibrio. Cree que el peligro de tener un déficit crónico, estructural y profundo no es por el mero fogoneo inflacionario sino que al no tener manera de financiarlo, expone al país a un quiebre en la tendencia de crecimiento y una nueva recesión en el corto plazo.

En este contexto es que Batakis quiere modificar metas anuales del programa firmado con el Fondo Monetario Internacional. Necesita margen de maniobra para aplicar lo que ella define como pragmatismo. No necesariamente aumentar el gasto respecto de los niveles que dejó Guzmán sino redistribuir recursos. El objetivo de aquel documento era estabilizar, hoy hay otro más urgente: que no estalle.

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