El caso del farmacéutico de 77 años acusado de abusar a su pequeño nieto ha tenido varios momentos “llamativos” por no decir polémicos. Primero, su detención en 2020 en pleno Centro de Mendoza; luego un juicio abreviado donde le quisieron dar una pena menor y excarcelable; por último, un permiso judicial para que el hombre fuera a realizar ejercicios al Club Mendoza de Regatas.
“Me parece una locura que una jueza le haya otorgado un permiso a una persona acusada de un grave delito para que salga cuatro veces por semana a un club deportivo, dejando indefensos a todos los niños que concurren. Está demostrado que es un abusador: en el juicio abreviado (que a último momento se cayó) aceptó que es culpable”, dice R., la madre del niño que, cuando se denunciaron los abusos, tenía 4 años y ahora está a punto de cumplir 9.
La mujer sostiene que, a pesar de haber tenido abogados particulares y del Poder Judicial que la asesoraron, siempre se ha sentido sola y que está “en total desacuerdo con el Ministerio Público Fiscal”, encargado de llevar adelante la investigación que ya lleva cinco años.
“Me contó que el abuelo lo tocaba”
En la mañana del 28 de julio de 2020, las personas que transitaban la esquina de San Martín y Córdoba se quedaron heladas cuando vieron que policías detenían a un hombre de 75 años y rápidamente lo subían a un móvil para llevarlo a la comisaría Tercera. Por lo general, este tipo de acciones se realizan en las viviendas de los sospechosos y no en la vía pública, algo poco usual.
Lo cierto es que quedó a disposición de la fiscal de Delitos Contra la Integridad Sexual, Virginia Rumbo, quien lo imputó por “abuso sexual gravemente ultrajante, agravado por el vínculo y por la guarda”, delito con una pena de 8 a 20 años de prisión.
El caso había sido denunciado en 2020 por la madre de nieto del farmacéutico –cuya identidad se preserva para evitar identificar al menor- y la fiscal, luego de tomarle declaración informativa y avanzar con algunas pruebas, decidió detenerlo.
“En 2019, mi hijo, con 3 años, me contó que su primito de 4 años lo tocaba. Lo mismo dijo por esa época en el jardín maternal, incluso diciendo el nombre del primo. En esa época yo ya estaba separada y el nene estaba al cuidado del padre por las tardes y un fin de semana por medio”, cuenta la joven madre a Los Andes.
“En marzo de 2020, en la pandemia, me contó que el abuelo lo tocaba. Ahí contacté a una psicóloga y me dijo que denunciara”, agrega.
La investigación continuó y, en septiembre del mismo año, la jueza María Cristina Pietrasanta dictó prisión preventiva con el beneficio de domiciliaria, teniendo en cuenta la edad del acusado y que el estado de salud se había deteriorado luego de haberse sometido a una intervención quirúrgica.
Un abreviado que se cayó
En enero pasado, el caso estuvo a punto de cerrarse en un juicio abreviado que fue abortado a último momento por el juez Leonardo Camacho. La fiscal Rumbo y el abogado del farmacéutico habían convenido que recibiera una pena de 2 años y 6 meses de cárcel, no por la imputación original, que tiene penas de hasta 20 años de cárcel, sino por abuso sexual simple, un delito con pena menor.
“Yo no estaba de acuerdo. Mi abogada decía que sí, en contra de lo que yo pensaba. Lo iban a condenar por abuso sexual simple. Me parecía injusto. La defensora de Menores también se opuso. El juez hizo un cuarto intermedio y ellos nunca pensaron que no iba a homologar el acuerdo. Tuvo en cuenta los derechos del niño. No se puede hacer una abreviado por un tema tan grave. Yo quería un juicio oral y es algo que sigo esperando”, dice la denunciante.
Al club, cuatro veces por semana
En los últimos meses los defensores del farmacéutico solicitaron a la jueza Pietrasanta que autorizara al imputado a salir de su casa para ir a hacer ejercicios en el Club Mendoza de Regatas. La magistrada se negó a habilitar el pedido.
Pero los defensores presentaron certificados médicos, que luego fueron avalados por estudios del Cuerpo Médico Forense. El 25 de marzo pasado, durante una audiencia de control jurisdiccional, terminó aceptando el pedido del acusado, teniendo en cuenta que las partes no se opusieron.
Entonces la jueza permitió que el farmacéutico saliera de su casa cuatro veces por semana, los días martes, jueves, viernes y sábados para que hiciera gimnasia de rehabilitación con tres profesores asignados. La medida contemplaba que fuera con un chofer hasta el club y que hiciera los ejercicios en un lugar apartado, sin contacto con menores.
Las autoridades del club se desayunaron de la noticia a través de los medios y se negaron a ser parte del asunto, diciendo a través de una nota, que “existe una profunda preocupación y consternación por parte de la masa societaria, en especial por aquellos que tienen hijos menores”
Y, amparándose en su estatuto, el club resolvió “suspender provisoriamente al socio vitalicio N° 1467, cuyos datos personales se reservan en resguardo de la identidad del menor, hasta tanto se resuelva su situación procesal y judicial que permita determinar su responsabilidad a los efectos de tomar una decisión definitiva de conformidad a los estatutos y reglamentos vigentes”.
“Ya pasaron cinco años, quiero que sea sometido a un juicio oral y que se analicen todas las pruebas Quiero justicia para mi hijo. Basta de impunidad”, dispara la denunciante. Y agrega: “Yo me he sentido sola en todo este proceso, no he sentido el apoyo de mis abogados, no me he sentido asesorada”.
Por ultimo, sentencia: “Estoy en desacuerdo con el proceder del Ministerio Público Fiscal y le dije a una auxiliar que iba a denunciar las irregularidades. Una vez, cuando ampliaba la denuncia, el auxiliar me decía: ‘Eso no es lo que me dijeron que iba a decir’. Hay cosas que nunca me cerraron. Ahora estoy analizando la situación para ver qué hago. Yo quiero justicia; veo que la justicia no protege a mi hijo”.