20 de junio de 2013 - 00:28

Piedras, balas de goma y mucho gas: la batalla campal de Fortaleza

Manifestantes lanzan piedras, policías responden con balas de goma, heridos en el piso, corridas, banderas, pancartas... Y en una esquina un niño sofocado por el gas. Una batalla campal se libró en Fortaleza antes del partido de ayer entre Brasil y México.

Un muchacho arrodillado con la bandera de Brasil atada en el cuello pide a un policía que le tire al corazón, apuntando al círculo azul estrellado con el lema "Orden y progreso" del pabellón nacional que ostenta en el pecho.

Mientras, sus compañeros cantan el "Brasil, un sueño intenso, un rayo vívido de amor y de esperanza a la tierra desciende..." del himno nacional.

"¡Avancen, avancen!", gritan. Los ánimos están caldeados y la confrontación es inminente.

Un leve olor a vinagre, el principal aliado para resistir las continuas embestidas de gas lacrimógeno, se sentía por momentos en la avenida donde comienzan a concentrarse los primeros manifestantes, que llegaron a ser 25.000. Rompen el primer anillo de seguridad, lanzando con rabia al piso las vallas metálicas que cortan el paso.

Centenas de piedras comienzan a volar contra los policías, que se repliegan por un instante, protegiéndose con sus escudos de plástico mientras se preparan para responder.

Llega la primera ráfaga de bombas, que retumba dentro de una casa abandonada y en ruinas en el medio de la línea de fuego, donde varios periodistas se han protegido para observar el enfrentamiento.

"¡Esto es una dictadura!", repite cerca una señora al escuchar los disparos, mientras una tos colectiva y un murmullo de malestar se apodera del lugar.

En la calle, el niño humilde de unos 8 años, con camiseta, bermuda, ojotas y aparentemente solo, cae al piso, desmayado; una chica lo auxilia con un pañuelo lleno de vinagre y pide que lo ayuden a salir. No hay muchos lugares para protegerse del gas.

Los manifestantes se repliegan corriendo, pero rápidamente vuelven, lanzan más piedras y reciben más gas.

Al bajar la intensidad de la trifulca, comienzan a aparecer de la nada espectadores del partido de la Copa Confederaciones, que mostrando el boleto logran pasar el cordón policial.

Joaquín Díaz, un mexicano de 42 años, está furioso. "A Brasil nunca más, olvídate del mundial, mañana me regreso a mi país". Nunca le habían lanzado gas lacrimógeno y se va con una muy mala imagen.

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