12 de julio de 2013 - 23:32

Perfil de un libertario

Washington lo acusa de traición por haber filtrado a la prensa secretos sobre el espionaje estadounidense, pero Edward Snowden estima que actuó con patriotismo al decidir convertirse en un "Garganta Profunda".

Nacido el 21 de junio de 1983 en el este de EEUU, Edward Snowden es un hábil informático autodidacta que abandonó la secundaria a los 15 años. En testimonios recibidos por la prensa norteamericana, sus antiguos compañeros de clase solo recuerdan a un rubio discreto, con la nariz pegada a su computadora.

En internet, Snowden es inagotable. Bajo el avatar TheTrueHOOA, apareció en 2003 en foros de juegos y de hackers, especialmente en el sitio Ars Technica, dejando centenares de comentarios, rápidamente localizados desde su decisión de revelarse como la fuente que filtró los programas de vigilancia de las comunicaciones telefónicas e internet del gobierno estadounidense.

Ars Technica exhumó, gracias a sus usuarios, conversaciones no archivadas de sus "salones de chat" entre 2007 y 2009. Aparece allí un Snowden provocador y seguro de sí mismo, que escribe sobre los extranjeros, las chicas, la religión, las armas...

En 2006 fue reclutado como informático por la CIA, primero en EEUU, luego en Suiza. El chico de los suburbios estadounidenses descubre el extranjero y lleva un gran tren de vida en Ginebra, bajo cobertura diplomática y con un abultado salario.

En esos chats, Snowden revela sus opiniones políticas. Alaba el retorno al patrón oro, una gran causa del republicano libertario Ron Paul, candidato a las primarias presidenciales de 2008 y 2012, para quien hará dos donaciones de 250 dólares en 2012.

En 2009, deja la CIA y se une a la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) en Japón, como subcontratista. En enero de ese año fustiga a las fuentes anónimas que dieron detalles de operaciones secretas contra Irán al diario The New York Times: "Hay que dispararles a los testículos", señala entonces. Pero en 2010, cambia el tono y revela sus temores sobre "la obediencia ciega de la gente a los espías". "Este país merece que se muera por él".

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