13 de junio de 2013 - 21:50

Patrimonio intangible, no un dato negociable

La empresa de biotecnología estadounidense, Myriad Genetics Inc., ha logrado un importante avance científico al identificar los principales genes implicados en los cánceres de mama y de ovarios, y también ayudando a crear conciencia entre los médicos de la utilidad de hacer esas pruebas a los pacientes de riesgo.

Pero cobrar 3.340 dólares por un test genético que cuesta 20 veces menos es una pésima idea que, por sí sola, justifica la sentencia del Tribunal Supremo de Estados Unidos. Ésta es la clave del caso “Asociación Patológica Molecular versus Myriad Genetics” que ayer tuvo su desenlace con el fallo del supremo tribunal de EEUU.

Uno de los argumentos en contra del patentamiento que se han esgrimido en este debate es que los genes son un producto de la naturaleza y no una invención del ingenio humano y que, por tanto, no pueden ser objeto de patente comercial. Una posición extendida entre los magistrados es que un gen podría patentarse si fuera sintético pero no si meramente ha sido aislado del cuerpo de alguien.

Los genes BRCA1, BRCA2 y todos los demás son de dominio público desde hace muchos años: cualquier persona puede acceder a su secuencia desde su teléfono móvil cuando le dé la gana y a costo cero.

Ésa, de hecho, ha sido la principal contribución del proyecto genoma humano público sobre el que los diarios han derramado ríos  de tinta desde hace 15 años. Esos genes y los otros 20.000 que forman nuestra dotación hereditaria y hacen funcionar a nuestras células cada segundo de nuestras vidas, son un patrimonio de la humanidad.

Es verdad que hubo en los años ’90 intentos de varios gigantes de la industria farmacéutica de patentar la secuencia de los genes, pero quedaron desbaratados cuando el proyecto público genoma humano hizo accesibles las 3.000 millones de letras combinadas con que se designan los genes.

Hoy nadie puede patentar un gen por la sencilla razón de que cualquier gen está en Google a disposición de cualquiera. Pero con los genes se pueden hacer muchas cosas, algunas muy importantes, y las empresas tienen que seguir jugando un gran papel en esa investigación.

LAS MAS LEIDAS