Durante muchos años pensamos el cine, la televisión o las series como una actividad cultural simpática, una especie de lujo ilustrado. Algo que pasaba en festivales o en las pantallas del streaming mientras la “economía real” seguía su curso por otros carriles. Pero el mundo decidió otra cosa. Hoy la industria audiovisual es parte de la matriz productiva de muchos territorios. No es solo cultura: es trabajo, tecnología, turismo, innovación y circulación global de ideas.
La guerra silenciosa por las locaciones
En los últimos años más de 600 lugares del mundo —entre países, regiones y ciudades— han creado incentivos para atraer producciones audiovisuales. No lo hacen por romanticismo cinematográfico. Lo hacen porque cada rodaje activa hoteles, transporte, catering, técnicos, servicios profesionales y promoción internacional. Se habla incluso de una “guerra global de incentivos”. Cada territorio compite por atraer historias que, en realidad, son inversiones.
Un sector en transformación
Pero el contexto también está en pleno cambio y constante mutación. El financiamiento público que sostuvo durante décadas al cine y a la televisión está en revisión y crisis en nuestro país y en muchos países también. Al mismo tiempo, las audiencias cambiaron sus hábitos: las salas conviven con el streaming, las redes y los formatos breves. La industria se está reinventando mientras filma y se producen miles y miles de horas de contenidos.
Mendoza: condiciones y desafíos
En ese escenario, Mendoza tiene algo que no es menor: paisajes extraordinarios, conectividad creciente, infraestructura turística y fundamentalmente talento calificado. Hay técnicos, creativos, productores, diseñadores, músicos y programadores capaces de integrarse a proyectos globales.
Pero también hay desafíos. El ecosistema productivo local todavía tiene debilidades administrativas, financieras y empresariales que dificultan escalar proyectos. Muchas productoras funcionan con gran talento creativo pero con estructuras casi unipersonales y con mecanismos contables frágiles para competir en mercados internacionales.
Entre el excel y la pantalla
En los últimos años me ha tocado participar como productor en películas como "Empieza el baile", "La Virgen de la Tosquera" y "Hangar Rojo". Son obras que han tenido reconocimiento internacional en algunos de los festivales más importantes del mundo: desde Málaga o Montecarlo hasta Malasia, desde Berlín hasta el BAFICI.
Hoy esas películas son valoradas afuera, circulan, generan prestigio cultural. Pero todavía no son un negocio rentable en términos comparativos con otros sectores. El audiovisual tiene una lógica compleja: requiere muchísimos recursos concentrados en muy poco tiempo y luego la rueda de la recuperación económica tarda en girar. Ahí aparece el desafío contradictorio entre el Excel y la pantalla.
Un sector bifronte
El audiovisual es un sector curioso: Bifronte, tiene dos caras. Por un lado, es economía, empleo y desarrollo tecnológico. Por otro lado, es cultura, identidad y relato colectivo. Produce ingresos, pero también produce sentido.
Por otra parte, ocurre algo interesante: muchas veces los lugares donde se filma no necesariamente representan ese mismo lugar. Sirven como escenario para contar otras historias. La serie "Ozark", por ejemplo, no se filmó en Ozark sino en Georgia. "Hangar Rojo" recreó en Mendoza un Santiago de Chile de 1973. "La Virgen de la Tosquera" construyó aquí un conurbano bonaerense. Esa capacidad de transformación también forma parte de la lógica de la industria y de su valor económico.
La importancia de ponerlo en agenda
Por eso tiene tanto valor que este tema aparezca en el Foro de Inversiones de Mendoza y que la Filmcommision este en la órbita de la Agencia de Innovación y el Ministerio de Producción. Esto No es casualidad, detrás de esa decisión hay también miradas estratégicas que entendieron a tiempo que el audiovisual forma parte de las industrias del futuro.
En ese camino, vale reconocer la visión de emprendedores, quienes desde hace varias ediciones del foro se involucraron personal y empresarialmente, estimularon inversiones, acompañaron este proceso y ayudaron a instalar este tema en la agenda productiva de la provincia.
Pensar estratégicamente
El negocio audiovisual rara vez se ve en el corto plazo. Requiere visión estratégica, continuidad de políticas públicas y un sector privado organizado. Mendoza empezó a recorrer ese camino hace relativamente poco tiempo.
Hoy tenemos un sector en potencia. Si logramos sostenerlo en el tiempo, ordenar sus herramientas y consolidar sus capacidades, mañana podremos decir que tenemos una industria audiovisual consolidada.
Porque una región que decide atraer industrias del futuro también tiene que comprender que, muchas veces, el desarrollo empieza con algo tan simple —y tan poderoso— como contar buenas historias.
* El autor es presidente de FilmAndes.