Comienza diciendo: “Este notable cantautor catalán, en una de sus canciones… y eso es lo que realmente es: un servidor”.
Este es el auténtico Serrat: un servidor, como dice en una canción. Porque él realmente nos ha servido, nos ha hecho mucho bien a los que escuchamos sus canciones: canciones donde nos habla de todo lo que sucede en la vida, el amor, el erotismo, la amistad, los niños, el cuidado del medio ambiente, la lucha contra las injusticias, y las “pequeñas cosas” de la vida que, en definitiva, terminan siendo las grandes cosas, las más importantes.
Comienza diciendo: “Este notable cantautor catalán, en una de sus canciones… y eso es lo que realmente es: un servidor”.
Es por esto que, hace unos días, fue honrado por la Universidad Nacional de Cuyo con el título de “Doctor Honoris Causa”, una distinción realmente muy merecida por todo lo que Serrat nos ha brindado con sus canciones, su coherencia y su actitud ante la vida.
De los tres actos programados, me impactó el último, el realizado en el Auditorio Bustelo: un diálogo con periodistas y gente notable, con la participación de mucho público. Allí, ante las preguntas, dio muestras de su habitual lucidez y humor, pero lo más trascendente sucedió una vez finalizado el acto.
Serrat se despidió, pero la gente no lo dejaba ir: queríamos escucharlo cantar. Y él no pudo con su genio: pidió una silla y una guitarra y cantó cuatro canciones. Su voz, si bien más grave y añosa, sigue en buena forma, emocionando como siempre… y tiene 82 años.
Pero eso no es todo: ante el pedido de la gente por autógrafos, hizo algo increíble para su edad. Se arrodilló y luego se tiró sobre el escenario, firmando autógrafos sin parar. Luego, cuando ya había cumplido con una buena cantidad de gente, mostrando un estado físico envidiable, se levantó del piso solo, sin ayuda, rápido, como si fuera un atleta y no un adulto mayor, muy mayor.
Este es el auténtico Serrat: un servidor, como dice en una canción. Porque él realmente nos ha servido, nos ha hecho mucho bien a los que escuchamos sus canciones: canciones donde nos habla de todo lo que sucede en la vida, el amor, el erotismo, la amistad, los niños, el cuidado del medio ambiente, la lucha contra las injusticias, y las “pequeñas cosas” de la vida que, en definitiva, terminan siendo las grandes cosas, las más importantes.
Y todos estos conceptos trascendentales fueron transmitidos desde la emoción, emocionándonos hasta lo más profundo. Ir a un recital de Serrat, en el fondo, es participar de una “serraterapia”, una especie de psicoterapia grupal, porque todos salimos transformados por el especial carisma de este cantautor, que sabe bucear en las profundidades del alma humana para descubrir lo que tenemos dentro.
Y hablándonos en nuestro propio idioma, nos devuelve el protagonismo al decirnos lo que ya sabemos, pero hemos olvidado o queremos ignorar: que nosotros, la gente, somos valiosos y podemos.
Por todo esto es que a cuatro de sus canciones yo les puse imágenes en cuatro de mis películas. Aclaro: no son videoclips, forman parte de la trama, del argumento de cada película. Las canciones son: “Padre” (película: “Árbol nuestro que estás en los suelos”), “Helena” (“El almacén vacío del Palermo”), “Vencidos” (“Los últimos gauchos”) y “La saeta” (“Descubriendo a Tupungato”). Todas estas películas fueron transmitidas por Supercanal.
Ahora bien, en la actualidad estamos en uno de los peores momentos de la humanidad en muchas áreas, pero especialmente en la música. Lo que se estila ahora, y es lo que los medios transmiten, son canciones cuya música es pésima: no tienen melodía, son sonidos intrascendentes que no emocionan a nadie. En realidad, no son música, son ruidos desarmónicos. Y las letras, otro tanto: o dicen cosas sin sentido o, peor aún, sus mensajes son completamente negativos, donde se mencionan las peores tendencias del ser humano.
Afortunadamente, como mencioné, lo que observé en la última presentación del Nano en Mendoza renueva la esperanza. Tenemos Serrat para rato, pero hay que hacer algo para que la gente, especialmente las nuevas generaciones, empiece a escuchar su música y sus letras. Para que, a diferencia de lo que dicen muchas canciones actuales —y terminan creyéndolo—, se enteren de que, como seres humanos, son valiosos e importantes, y que por eso pueden cambiar su realidad personal (como hizo Serrat con su vida). Y al cambiar como personas, pueden ayudar a cambiar y mejorar la sociedad.
* El autor es director de cine.