29 de enero de 2026 - 00:15

Un carrito, una tosquera

Que esta película, la Virgen de la Tosquera, haya sido filmada en Mendoza no es un dato técnico ni una anécdota de producción. Es una decisión estética y política. Aquí la provincia no se disfraza ni se vuelve postal: aparece tal como es, con su luz dura, sus silencios, sus márgenes. Mendoza no hospeda una película: la hace posible.

Cine, territorio y una industria que insiste

Hay películas que no se limitan a contar una historia: habitan un territorio. La Virgen de la Tosquera, dirigida por Laura Casabé a partir de dos cuentos de Mariana Enríquez ( El carrito y La virgen de la tosquera), es una de esas. El terror que propone no se plantea desde lo espectacular, se va filtrando desde abajo, desde los bordes, desde esos espacios donde lo real y lo inquietante conviven sin tanta explicación. Un carrito y una tosquera no son solo decorados: hay en ellos una herida abierta entre la calle y el paisaje y, al mismo tiempo, una metáfora.

El terror como forma de crecer

La trama se mueve en ese momento incierto de la adolescencia, cuando el cuerpo cambia y el mundo deja de ser un lugar confiable. Casabé traduce con precisión el universo de Enríquez con el guion fino de Benjamín Naishtat. El miedo no viene de un monstruo externo, surge de lo que ya está ahí, latente. La violencia social, el contexto de un país quebrado, el abandono, el deseo, la fe torcida. Todo ocurre en voz baja, pero con una intensidad que va penetrando de a poco.

Mendoza no solo como fondo

Que esta película haya sido filmada en Mendoza no es un dato técnico ni una anécdota de producción. Es una decisión estética y política. Aquí la provincia no se disfraza ni se vuelve postal: aparece tal como es, con su luz dura, sus silencios, sus márgenes. El territorio local es de una urbanidad genérica argentina que más allá de un lugar específico, dialoga con la historia y la vuelve más densa, más verdadera. Mendoza no hospeda una película: la hace posible.

La Virgen de la Tosquera se concretó en uno de los años más complejos para la cultura argentina. Un año de recortes, incertidumbre y discursos que cuestionan la propia idea de producción cultural. En ese contexto, filmar fue un acto de resistencia profesional; con planificación, articulación y convicción.

Y los equipos se complementan

Uno de los grandes aciertos del proyecto fue la integración real entre equipos de Buenos Aires y Mendoza. No hubo jerarquías forzadas ni roles decorativos. Hubo intercambio de saberes, confianza en el recurso humano local y una dinámica de trabajo que demostró algo evidente, pero a veces olvidado: que en esta “costa oeste” hay artistas, técnicos, creativos y productores altamente capacitados, listos para asumir desafíos complejos.

El Cash Rebate una política inteligente

Nada de esto habría sido posible sin herramientas públicas concretas. El Cash Rebate no es un beneficio caprichoso: es una política de desarrollo. Permite atraer producciones, generar empleo calificado, profesionalizar equipos y mover una economía que va mucho más allá del set de filmación. El cine, cuando se lo entiende en serio, es también hotelería, transporte, servicios, formación y experiencia acumulada.

Una película, muchas capas

Además de su valor industrial, La Virgen de la Tosquera es una obra artística potente, incómoda y difícil de olvidar. Casabé respeta el material literario. Confía en la atmósfera, en el fuera de campo, y se potencia con los rostros de esos personajes absolutamente pertinentes. En tiempos de sobre explicación, esa decisión contiene una enorme lucidez.

Tal vez la enseñanza más profunda que deja esta película sea que no hay contradicción entre identidad cultural e industria creativa. Quien suscribe tuvo el privilegio de acompañar este proceso como productor asociado siendo parte de un equipazo de producción super profesional con Ají Molido y Mostra Cine que hicieron todo esto posible; y comprobar, desde adentro, que el cine no es solo una obra que se estrena, es un entramado de decisiones, oficios y políticas que lo vuelven realidad.

Este carrito y esa tosquera son señales. Señales de un cine que se anima a filmar en los bordes, a trabajar en terreno áspero, a confiar en sus equipos y a pensar la cultura como algo más que un gasto incómodo. Son la prueba de que, aun en los años más difíciles, producir sentido, identidad y trabajo sigue siendo una forma concreta de construir futuro.

* El autor es presidente de FilmAndes.

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