El show de Soda Stereo que marcó el 21 de agosto en el Arena Maipú es el primero, en Mendoza, que sucede cuando ellos no están. Ni Gustavo Cerati, ni el Indio Solari. Creadores de tendencias, impulsores de movimientos sonoros inmortales. De arte. Más allá de las partidas, ellos son personajes que siguen delineando nuestros oídos y cabezas. Dueños de hilos rockeros que marcan lo que fue, lo que es y lo que será la música del sur del globo.
Pensé, cuando escuché el memorable concierto “Ecos” (donde Zeta Bosio y Charly Alberti impusieron todo para que las canciones de ayer siguieran sonando a futuro), que la coherencia de Cerati siempre estuvo puesta en no traicionar la visión estética de su obra. Para decirlo claro: nunca transó; la calidad nunca fue una variable de cambio en sus producciones.
También hay que mencionar que esta postura (no era pose) lo separaba de propuestas musicales aparentemente más espontáneas y barriales, creando un verdadero karma para él y para todo el rock argentino: la falsa dicotomía -para volver al comienzo de esta nota-, la falsa disparidad, Redondos vs. Soda. Rock barrial vs rock de élite. Una verdadera estupidez que rebalsó los supuestos análisis críticos sobre la escena disputada en nuestro país.
"El hecho de que a alguien le guste una banda y que eso lo ponga en una posición antagónica a otra es una gran pelotudez -me dijo Cerati en la última entrevista que dio en Argentina, a pocas horas de un recital en Mendoza, antes de su última gira por Sudamérica-. Sobre todo porque estamos hablando de música. Igualmente, como yo soy cero futbolero creo que no entiendo del todo lo de la futbolización de la música. Sé que hay intolerancia en muchos niveles. Vivimos años muy jodidos, con gobiernos que ayudaron a que la gente se lobotomizara culturalmente. Esta especie de globalización peligrosa que se planteó en los 90 trajo como resultado una resaltación de valores como el chauvinismo. ‘Argentina, Argentina’ como grito, cuando realmente Argentina es otra cosa". Fue en abril de 2010 y sus palabras siguen latiendo.
Y aquí radica la verdadera sabiduría del hombre que empezó cantando músicas ligeras y terminó redefiniendo el sonido de medio mundo. Sabía que el arte es uno solo, y que intentar hacer una lectura clasista, machista o geográfica de la canción era una estupidez XL.
“Pero ojo, yo también soy de un barrio, de Villa Urquiza -dijo en aquella charla que nunca olvidaré-. La gente cree que yo vengo de Barrio Norte, pero no. Tuve mi formación musical en barrios característicos donde nacieron un montón de bandas, así que nunca entendí, del todo, eso (de que nosotros no fuéramos) del rock barrial”. Todo dicho.
Hinchadas equivocadas
Qué tremenda estupidez fue ese canto de tribuna de recitales que intentaba hacer suponer que la rivalidad entre Soda y los Redondos existía. Recuerdo como ayer lo que escribió el factotum de “Ji ji ji”, en 2014, cuando terminó la agonía eterna del guitarrista todo poderoso de la supuesta banda enemiga: “Gustavo, ahora sí vas a poder evitar el cansancio de huir de la muerte. Todo este tiempo dormido fue necesario, quizá, para enseñarte a morir consolando a tus queridos. Los verdaderos artistas, estoy convencido, conocen la muerte antes de morir. No se dejan llevar ni un minuto antes ni uno después de reconciliarse con la vida. Dicen por allí que al morir nos es dado conocer el secreto de la música en nuestro primer llanto al nacer. En cuanto a lo que me toca, me has hecho disfrutar de tu dulce voz y de tus espléndidos juegos con las guitarras. Tu etapa solista fue sólida y aventurera y es lo que más me gusta de lo que nos has dejado. Bueno... a comenzar de nuevo en tierra incógnita. Mi aplauso para vos”.
La última foto del indio antes de morir
Instagram / @gaston_daus
Qué fuerte la imagen del Indio llorando a Gustavo. Un dolor como el que acabamos de vivir, recientemente, con la partida del redondito más redondo. Qué triste esa imagen del escenario del rock nacional sin esos señores que estaban más de acuerdo que en desacuerdo sobre los ecos del arte.
Volvamos a Mendoza. Hace muy poco pudimos disfrutar el homenaje que le hizo Soda a su líder, a fuerza de hologramas vivaces y de respetar el sonido que nació y no muere. Respetar la noción de que es estúpido seguir creyendo en disputas, cuando es evidente que ambas propuestas fueron universales, no patrioteras. Universales porque tanto Solari como Cerati supieron que “siempre es hoy”. O como dice el Indio (siempre en presente, siempre a futuro): “Empiezo por el final, terminaré en el principio…”.
Sus tiempos no entendían de disputas, ni de finales. Eternos.