La Maestría en Estudios Latinoamericanos (MEL-UNCuyo) se ve en la responsabilidad de participar en el debate en torno a la prospectiva planetaria de la difusión y aplicación de la IA. En este sentido, advierte que el desarrollo de la misma se da en el marco de relaciones sociales y de poder cada vez más asimétricas en detrimento de los países del sur global, y que las corporaciones tecnológicas actúan de modo encriptado tanto para los estados y las naciones como para la población en general.
La ciencia pública, soberana y abierta juega un rol central para visibilizar y advertir sobre las condiciones y condicionamientos en su uso, desarrollo y aplicación.
En la dimensión mundial, hasta Naciones Unidas ha requerido que se ralentice y controle los desarrollos de esta tecnología de punta. Es lo mismo que han sostenido los directivos de las principales empresas mundiales, Open IA y Anthropic. Ello, porque los actores inteligentes que son activados por esta tecnología están mostrando capacidad de acción autónoma, y esto puede ser peligrosísimo para la paz y la seguridad mundiales.
El peligro puede ser aún mayor que el de la energía atómica. Ejercer una urgente gobernanza sobre estos inéditos procesos resulta prioritario. El presidente Trump se opone al control en nombre de la competencia con China, pero este país también debiera participar de los acuerdos y regulaciones.
La Inteligencia Artificial puede ser fecunda para muchas actividades sociales (por ejemplo, en salud o en aportes a la educación), aunque a la vez podría desactivar decisivas funciones humanas. Sin dudas que la principal urgencia es limitar su desarrollo ciego y apresurado. Se ha de tener en cuenta, además, las nuevas formas de extractivismo que conlleva el desarrollo de la IA y la necesidad de ser conscientes de ello. No para rechazar su desarrollo y utilización, sino para hacerlo responsablemente, con arreglo a fines consensuados y pacíficos.
En Argentina podemos y debemos incorporar la IA para fines sociales necesarios, pero no estamos en condiciones de sostener las presiones económicas y geopolíticas si aquí se ubicaran grandes repositorios de datos y experimentos. Estos superan por completo nuestra capacidad en términos de seguridad para la población, además de implicar gastos enormes en cuanto a uso territorial, consumo del agua y de energía.
Los modos nada precisos y poco responsables a que el actual gobierno nacional nos tiene acostumbrados en temas decisivos exigen que llamemos a otros actores sociales y políticos nacionales a clamar para impedir que aquí se permitan peligrosos desarrollos de punta en IA, a la vez que a exigir procesos urgentes de control a nivel mundial.
*Este texto también fue elaborado por los integrantes de la Maestría en Estudios Latinoamericanos (MEL-UNCuyo).
* Roberto Follari es profesor emérito de la UNCuyo.