30 de noviembre de 2025 - 00:05

Milei y Gaza: palabras y silencios inquietantes

Si Milei culpó a la sociedad civil de la Franja de Gaza por el pogromo bestial que perpetró Hamás, lo que hizo fue demonizar una población entera, para justificar todo lo que hizo Netanyahu.

“Chaque mot a des conséquences, chaque silence aussi”, escribió Sartre en la primera edición de Les Temps Modernes, la publicación sobre filosofía, política, arte y cultura que creó junto a Simone de Beauvoir y Maurice Merleau-Ponty. El autor de La Nausea y de El Ser y la Nada asumió la responsabilidad de todo lo que publicaría al dejar en claro entender, cabalmente, que “cada palabra tiene consecuencias” y que “cada silencio también” las tiene.

Sin embargo, no siempre las palabras y los silencios tienen las consecuencias que se supone deben tener cuando salen de la boca de personas con peso en la opinión pública. En el caso de Javier Milei, la regla es la falta de consecuencias acordes a lo expresado. Y volvió a ocurrir en el acto por el aniversario de la DAIA.

Nadie reaccionó frente a lo que dijo el presidente al hablar ante un colmado Teatro Colón. En general, fue un buen discurso, pero en un párrafo hay una frase que contiene una palabra que resulta inaceptable. Milei dijo que “el 7 de octubre todos pudimos ver la cara del mal; vimos cómo una sociedad cometía, filmaba y compartía orgullosa al resto del planeta los crímenes más aberrantes de los que se tenga memoria”.

Sin dudas, el pogromo sanguinario perpetrado por Hamás fue una atrocidad que evidenció una vez más la naturaleza repugnante de esa organización ultra-islamista. Pero Milei dijo que “una sociedad” actuó de esa manera deleznable. Y haber usado la palabra “sociedad” donde debió decir “Hamás” o “terrorismo ultra-islamista”, implica culpar a la población civil de Gaza, o sea a todos los gazatíes, por lo que hizo la criminal organización que impera con el rigor del fanatismo yihadista sobre la Franja de Gaza.

¿Se refería al puñado de chicos que recibió con vivas a las camionetas que llegaban con rehenes desde los kibutzin y moshavin israelíes que habían sido atacados? ¿Cree que la sociedad civil de un territorio donde impera una organización sanguinaria puede estar informada, actuar libremente y expresarse a sí misma?

Es positivo asumir el compromiso de combatir el antisemitismo, pero debe combatirse también la miserable estratagema de acusar de anti-semita a quien cuestione lo que hace un gobierno de Israel. Una treta totalitaria que usan dictadores como Fidel Castro, para quien atacarlo a él era “atacar a Cuba”, y Nicolás maduro, según el cual denunciar su fraude y su dictadura calamitosa es “atacar a Venezuela”. Nada hay más antisemita que la banalización del antisemitismo practicado por el gobierno que lidera Benjamín Netanyahu.

Que en la ola de indignación mundial que generó la muerte masiva de civiles en Gaza, faltó denunciar también a Hamás por su monstruosa estrategia de martirizar a los civiles de ese territorio para demonizar a los israelíes, no implica impugnar la totalidad de la denuncia que hicieron miles de entidades gubernamentales y civiles, además de centenares de miles de manifestantes en el mundo entero.

Que gran parte de los que se movilizan por las masacres de palestinos, no dicen ni hacen nada contra las masacres que perpetra el yihadismo en los países el Sahel, especialmente Nigeria y Sudán, no anula las críticas y denuncias contra la guerra de tierra arrasada que lanzó Netanyahu incentivado por Hamás para que lo haga.

Lo que hizo Milei al usar la palabra “sociedad” fue criminalizar a toda la población del enclave palestino para quitarle peso a los crímenes cometidos por orden de Netanyahu.

Siempre he considerado que la guerra de Malvinas fue un crimen más en la larga lista de crímenes aberrantes cometidos contra el pueblo argentino por una dictadura obtusa. Sentí desolación por la Plaza de Mayo colmada de gente ovacionando al autor de aquel crimen. Debía ser obvio que, más allá de la justicia del reclamo argentino, lo que quería la banda de asesinos que encabezaba Galtieri era usar el patriotismo como lo describió el escritor Samuel Johnson según su biógrafo: “the last refuge of a scoundrel” (el último refugio de un canalla). Pero sería absurdo culpar a “la sociedad” por la operación con que aquella dictadura criminal buscó fortalecerse ante una sociedad en la que se multiplicaban las protestas.

En este caso, el presidente argentino culpó a “una sociedad” por el aberrante crimen cometido por una organización yihadista. Si Milei culpó a la sociedad civil de la Franja de Gaza por el pogromo bestial que perpetró Hamás, lo que hizo fue demonizar una población entera. ¿Por qué? Seguramente, para justificar los crímenes que cometió Benjamín Netanyahu en la guerra de tierra arrasada que ese líder extremista intenta justificar con lo ocurrido aquel día de octubre del 2023.

Si todos “vimos cómo una sociedad cometía, filmaba y compartía orgullosa al resto del planeta los crímenes más aberrantes de los que se tenga memoria reciente”, esa sociedad merecería (según pretende el oscuro razonamiento agazapado entre líneas) haber sido blanco de una guerra de tierra arrasada que destruyó más del 70 por ciento de las viviendas y la infraestructura pública, además de aniquilar a casi 80 mil personas, de las que al menos 60 mil serían civiles, incluidos muchos miles de niños. Pero nadie lo corrigió ni le pidió explicación.

* El autor es politólogo y periodista.

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