Ley para Milei y recursos coparticipables

El plan de gobierno que desvelaba al Ejecutivo nacional también es mirado con afecto por las provincias, siempre necesitadas de fondos.

Ley para Milei y recursos coparticipables

La ley Bases ya tuvo su sanción y con ella el paquete fiscal complementario, que en su momento el ministro Caputo dispuso separar del megaproyecto con la intención de ayudar a agilizar el trámite parlamentario, que igualmente duró seis meses.

Hace una semana desde este mismo espacio decíamos que por el trabado debate del plan de gestión de Milei los políticos involucrados se encontraban como encerrados entre cuatro paredes, entre los límites que imponían las normas pedidas por la Nación. Ahora ese encierro terminó. Por lo menos en lo formal.

La insistencia de Diputados con su media sanción en materia fiscal y la aceptación de los cambios que llegaron del Senado le permiten al Poder Ejecutivo comenzar a transitar con más seguridad el duro camino de reestructuración del Estado que se propone imponer. Y le templó más el ánimo para firmar el 9 de julio, en Tucumán, el demorado Pacto de Mayo, que se había propuesto rubricar en Córdoba hace un mes.

Lo que más calmó a las provincias, que a través de sus gobernadores apoyaron todo lo que favoreciera la coparticipación de recursos, fue, justamente, la restitución del Impuesto a las Ganancias para la cuarta categoría y los cambios previstos en Bienes Personales. En el caso de la administración mendocina, el propio gobernador aventuró una cifra: dijo Alfredo Cornejo que Mendoza podría percibir alrededor de 170.000 millones de pesos anuales, principalmente por lo que corresponde por Ganancias y Bienes Personales. A ello hay que agregarle otros montos provenientes de otras medidas que también se pondrán en marcha, como el blanqueo de capitales, la moratoria y adelantos varios que lleguen desde la Nación.

Como ya se ha indicado, volver a Ganancias, fundamentalmente, significa para los gobernadores la llegada de recursos que no les pueden faltar luego de la estricta reducción que impuso el Presidente a su llegada al cargo tanto en subsidios para servicios como en otros aspectos discrecionales a los que muchos jefes territoriales se acostumbraron, mal, por cierto.

La firma de un nuevo documento destacando lo que se votó en la sesión definitoria de Diputados tuvo, indudablemente, la intención de distinguir protagonismo desde las provincias a través de los legisladores que en muchos casos los representaron desde las bancas. “Creemos que la Ley Bases es un instrumento útil para que el Gobierno pueda cumplir con el cambio votado por la mayoría de los argentinos”. “Como el mismo gobierno nacional dijo, ahora tienen las herramientas para que comience una nueva etapa que debe ser de crecimiento, inversión y empleo”. “Hay millones de argentinos que acompañan, con extremo esfuerzo, y necesitan que estos cambios empiecen a notarse en su día a día y su bienestar económico”.

Los párrafos con los que los mandatarios de las 10 provincias que todavía se identifican con la coalición Juntos por el Cambio fueron enfáticos en cuanto al respaldo al gobierno nacional, pero también depositarios de las expectativas a las que deberá responder la administración libertaria luego de lo que pregonó en campaña y de lo que reclamó para que, aunque muy reducida, su Ley Bases se mantuviera en pie como guía del plan de gobierno de La Libertad Avanza.

De todos modos, los gobernadores de las provincias identificadas con la UCR, Pro y otras fuerzas cercanas saben muy bien que esa estructura que mantienen en sus respectivos distritos sólo puede sintonizar con la gestión nacional libertaria, la que, a su vez, en algún momento puede intensificar su armado territorial pensando en las elecciones de mitad de mandato del año próximo. Ya ha habido movimientos en tal sentido, pero esa estrategia probablemente surja con fuerza a medida que se acerque el proceso electoral de 2025 si, realmente, la propuesta libertaria de gobierno sigue seduciendo a la mayor parte de los argentinos.

En efecto, la mayoría de los sondeos dan cuenta del respaldo que mantiene en general el oficialismo nacional en la mayor parte del país. Una apuesta que la gente le renueva al nuevo gobierno con el convencimiento, en muchos casos, de que los esfuerzos que exigen las medidas implementadas por el poder de turno se enmarcan en lo que Milei prometió y la mayor parte de la ciudadanía votó en aquella impactante segunda vuelta de noviembre. Y porque del otro lado de la oferta política está, precisamente, el modelo al que el voto mayoritario le impidió la posibilidad de tener un nuevo período.

Es el desacreditado kirchnerismo (la versión del peronismo que más perduró en las dos últimas décadas) el que encabeza una oposición que tiene un número respetable de voluntades en el Congreso, es cierto, pero que todavía no cuenta con los atractivos suficientes como para intentar volver a seducir al electorado. Entre las provincias que el PJ gobierna la que sobresale, obviamente, es la enorme Buenos Aires, aunque su gobernador, Axel Kicillof, tal vez el de mejor imagen, no logre aún resurgir en medio de la palidez que caracteriza en estos tiempos a la dirigencia del partido que fundó Perón.

De todos modos, torpe sería la mirada del oficialismo actual si diera por definitivamente derrotada a la oposición peronista. El PJ dio muestras a través de los años, desde su primera caída de octubre de 1983, tanto a nivel nacional como de las provincias, de su capacidad para la recuperación del poder. Habrá que ver si en esta oportunidad logra remontar nuevamente. En gran medida todo dependerá del éxito, por lo menos a mediano plazo, del programa económico del actual gobierno y de cómo impacten las reformas estructurales que pretende imponer la administración Milei a partir de la segura incorporación de Federico Sturzenegger, llamado a ser el principal responsable de la reforma del Estado con la que Milei espera dar vuelta la página del viejo manual populista.

Retornando a la mirada que tienen los gobernadores sobre el nuevo proceso político nacional, Alfredo Cornejo también ratificó su apoyo a la gestión libertaria en el encuentro anual que organiza la Cámara Argentina de la Construcción, entidad que ha venido siendo bastante crítica con el nuevo gobierno nacional a raíz del freno a los recursos para las obras públicas.

Allí, el gobernador mendocino, que participó de un panel junto a sus pares de Entre Ríos, Córdoba y Santa Fe (todos gravitantes, sin ninguna duda, aunque el peronista cordobés Llaryora tiene vuelo propio), sostuvo que es esencial el logro de la estabilidad macroeconómica para que el Gobierno tenga éxito. Defendió una vez más la búsqueda del equilibrio en las cuentas públicas, postura nacional que aplaude Cornejo señalando siempre que fue uno de los objetivos como gobernante desde que asumió por primera vez en Mendoza en diciembre de 2015. “Aunque parezca hoy una verdad muy lógica, hemos tenido más de 60 años sin equilibrio en las cuentas públicas y la política de Estado en la Argentina ha sido que daba lo mismo no tener equilibrio que sí tenerlo”, sostuvo.

Sí marcó un aspecto bastante diferenciador con la nueva política nacional con respecto a la obra pública: “Debemos ser muy ingeniosos en qué hace el sector público, qué hace el sector privado y, dentro del sector público, qué hace cada cual”, porque “el gran desorden es que hemos tenido en las últimas décadas gobiernos nacionales que financiaban obras municipales y no se hacían cargo de financiar la infraestructura de caminos, de ferrocarriles, etc.”, remarcó Cornejo.

En el plano meramente local, hay obvia expectativa en el oficialismo por el resultado de la elección de hoy por la conducción de Pro, especialmente porque la vicegobernadora, Hebe Casado, lidera uno de los espacios, el que está vinculado, lógicamente, con el gobierno provincial. Del otro lado se presenta un respetable sector alineado con La Unión Mendocina, que encabeza Omar de Marchi, con el legislador Gabriel Pradines como principal referente. Queda claro que un eventual triunfo de este sector puede ayudar a reorganizar al principal espacio opositor a Cornejo y Cambia Mendoza.

Precisamente, la mayor crisis del macrismo mendocino se produjo a partir de la ruptura que lideró el influyente lujanino, decisión que también impactó en la interna nacional que libraban Patricia Bullrich y Horacio Rodríguez Larreta. Y la actual presencia de De Marchi en un cargo nacional potencia la incomodidad en el oficialismo local, que tiene toda la intención, como hemos visto, de mantener un alineamiento claro con la administración de Milei.

Para radicalismo de Cornejo una derrota del sector de Casado incomodaría. Es que la coalición liderada desde hace ocho años por el radicalismo ha ido perdiendo aliados y una mayor sangría podría anticipar una complicación importante para el armado electoral del año próximo.

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