5 de marzo de 2026 - 00:05

Las universidades ante el desafío del desarrollo y la diversificación productiva

La formación académica y la investigación deben ser la base del éxito de la transformación de la matriz productiva de Mendoza.

Mucho se ha debatido sobre la necesidad de transformar la matriz económica de Mendoza. Sin embargo, en el contexto actual, la diversificación ya no es una opción de deseo, sino una urgencia estratégica. Si bien nuestros sectores tradicionales -como la vitivinicultura- son el corazón de nuestra identidad, el techo del crecimiento hoy lo marca la economía del conocimiento.

El desafío es claro: Mendoza ni ninguna región puede proyectarse al mundo solo como exportadora de productos primarios o agroindustriales, sino como usina de valor agregado. La clave para una mejora real en la calidad de vida y en la creación de empleo formal reside en un círculo virtuoso donde la educación, la ciencia y la tecnología dejen de ser compartimentos estancos para transformarse en motor del sistema productivo.

Este proceso de modernización no ocurre por generación espontánea. Requiere de políticas públicas de largo plazo que sobrevivan a las urgencias. Ante las dificultades financieras de los sistemas de educación superior y científico a nivel nacional, la provincia debe profundizar y robustecer su propia política de innovación.

Para ello es indispensable la articulación real entre tres pilares: el Estado, el sector privado y los ámbitos de formación profesional e investigación. No hay competitividad posible en la economía global sin una red sólida de investigadores, emprendedores y empresas que trabajen colaborativamente.

Invertir en investigación, desarrollo e innovación, garantizará un derrame de conocimiento que alcanzará a toda la sociedad. Mendoza tiene el talento y la infraestructura académica para liderar este cambio exponencial. Solo falta consolidar el puente que una el pensamiento científico con la necesidad del mercado, convirtiendo las ideas en el motor de la estructura socio-productiva.

Desafío socio-económico

El desafío de Mendoza frente a la economía global no reside únicamente en la voluntad de exportar, sino en reestructurar su estrategia de desarrollo. La inserción inteligente en las cadenas de valor se presenta como vía para superar la marginalidad comercial que afecta a diversas regiones de América Latina. Bajo esta premisa, la innovación, la ciencia y la tecnología dejan de ser accesorias para convertirse en eje central de la competitividad regional.

La prosperidad de una sociedad está directamente ligada a su productividad. Para elevar el nivel de vida de la ciudadanía, las empresas locales deben alcanzar ventajas competitivas con eficiencia, desarrollo tecnológico y sofisticación de sus procesos. No basta con conocer la demanda externa; hacen falta políticas públicas que disminuyan a la mínima expresión las restricciones al crecimiento y transformen las estructuras productivas en unidades capaces de competir en ambientes internacionales de alta complejidad.

Hoy en el escenario mendocino, conviven sectores empresariales de liderazgo consolidado con actividades de gran potencial que aún no logran madurez competitiva. Industrias como la vitivinicultura, el turismo sostenible, las energías renovables y la economía del conocimiento muestran disparidades que solo pueden resolverse con un enfoque sistémico.

Por eso indispensable conectar el talento local con la industria global, integrando a emprendedores, investigadores y corporaciones en una red de cooperación pública y privada, para que el conocimiento científico se transfiera de forma efectiva a la economía real, promoviendo empleo de calidad y diversificando una matriz productiva que requiere urgentes respuestas ante la velocidad de la revolución digital.

En definitiva, el involucramiento del Estado en todos sus niveles -junto a instituciones como el CONICET, el INTA o el INTI y las universidades- es clave para fortalecer el capital humano calificado, atraer inversiones y proyectar una matriz exportadora de calidad, que ofrezca productos y servicios diferenciados.

El rol de las universidades

Existe una relación directa entre la inversión en investigación, desarrollo e innovación (I+D+i) y el crecimiento económico, la productividad y el bienestar. A modo de ejemplo, en América Latina y el Caribe, la inversión promedio en I+D respecto del PBI es de 0,75%, mientras que en países de la OCDE es de 2,4% (Ricyt).

Si queremos impulsar procesos de crecimiento, hay un solo camino: invertir en I+D+i e impulsar políticas públicas que favorezcan la generación de conocimiento científico, la formación de las personas, la innovación empresarial y el impulso de nuevas empresas.

Si aspiramos a que la Universidad tenga un impacto social contundente, es esencial un debate sobre su inserción en el medio. Frente a los modelos tradicionales, planteamos un camino diferente en el que la academia sea eje de transformación mediante el desarrollo permanente de conocimiento, la labor de investigación, la vinculación con distintos sectores y la transferencia científica y tecnológica.

En tal sentido, las universidades son quienes garantizan la articulación como actores centrales en el sistema científico y de producción, vinculándose con empresas para generar innovación.

En el desarrollo productivo son las que con sus proyectos de investigación favorecen la diversificación productiva, el aumento de las exportaciones y la sustitución estratégica de importaciones.

En las universidades se gesta el desarrollo del talento, brindando la formación necesaria para el cambio estructural, la investigación y la transferencia tecnológica hacia el sector productivo.

*El autor es Vicerrector de la Universidad Nacional de Cuyo.

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