La Ciudad de Mendoza está destruida. Las calles están rotas y pasan años sin arreglarse. Como consecuencia la incomunicación de los que viven ahí, de los que generan riqueza con sus negocios y de aquellos que presentan alguna dificultad para moverse. Todo esto producto de una red anacrónica de agua y de cloacas.
Las obras se hacen una y otra vez para luego volver a romperse ¿y los beneficiados quiénes son? Obviamente la empresa constructora, el cemento y los contratistas de obra. Esto está pasando en todo el Gran Mendoza, excepto en Luján porque tiene su propio sistema de potabilización de agua. Todos en mayor o menor medida tienen el mismo problema.
Esto incluye a las veredas porque se sanciona a los contribuyentes que las tienen en mal estado o se hacen programas de reparación -que han fracasado todos- poniendo los materiales para que hagan la obra. Y son obras de conexión de medidores o de cloaca y ahí es donde viene Aysam y rompe. Hay por supuesto en la Ciudad efluentes cloacales con la misma gravedad de lo que se está viviendo en Las Heras y en Guaymallén, sobre todo en las zonas productivas que con esa agua se está regando lo que es el Cordón Verde de provisión de frutas y verduras de todo el país. Esto se ha hecho extensivo al departamento de Maipú.
Para entender un poco la historia de Aysam, primero hay que ver a cargo de quién estaba, porque esto también hay que decirlo. Doce años de un puntero político, con un título habilitante (si es que lo tiene) vinculado al diseño gráfico y que presta un tremendo servicio a la conducción política de la provincia. Si hubiera diferencias entre la provincia, los municipios y las empresas prestadoras de servicios públicos se puede decir que hay enfrentamiento político. Pero no lo hay. Es todo parte del mismo grupo que se va tirando responsabilidades, y a la vez, se va desprendiendo de los funcionarios más desprestigiados (como este caso) como si fuera el lastre de un globo aerostático. Igual el daño ya está hecho.
Estamos ante una empresa que anda mal, conducida, hasta ayer, por un inepto que justificaba lo que estaba haciendo bien o mal a través de los intendentes que disfrazan con obras de embellecimiento la ineficiencia de lo que se está rompiendo. Los ejemplos más notables son la calle San Juan. La obra de reparación de vereda en las primeras cuadras de calle Sarmiento, paralizada el doble de tiempo previsto porque en el fondo se trató de conexión de cloacas y de agua -algo que nunca se dijo- siendo la zona más turística de Mendoza. Después de meses de cierre, hoy la esquina de Sarmiento y Perú ya se está hundiendo de nuevo.
En ese sentido, una de las deficiencias de circulación que tiene el Gran Mendoza es que hay pocas vías de ingreso y egreso a la ciudad oeste- este. La movilidad rápida es de sur a norte y norte a sur. En 1942 cuando se planificó el lugar de la Casa de Gobierno, el Poder Judicial, la Legislatura y la Avenida de Acceso, se proyectaba prolongar la calle Godoy Cruz hasta la Costanera porque se preveía estas dificultades. Hoy el foco está sobre Yrigoyen, vía de evacuación de la Ciudad y de lo que viene del Sur: bloquearon parte de Godoy Cruz y de Capital y otras vertientes como la 9 de Julio, aunque no se está haciendo obra. Esto que debería estar planificado y programado por etapas es un trabajo encubierto de agua y cloaca para romper lo que hace dos años ya se había hecho. Y trae consecuencias: imposibilita el acceso a ambulancia, servicio de farmacia o de abastecimiento; carece de señalización previa, de carteles luminosos. No es necesario ir a Chile para ver cómo se señaliza una obra, basta con ir a San Juan y San Luis para ver el letargo de una llama que indica la circulación, hoy agravada por el aumento de bicicletas y motos.
Siguiendo con el tema hídrico, la historia se remonta a 1912 con la creación de Obras Sanitarias de la Nación (OSN) mediante la Ley 8889. Obra que se hizo con pioneros de la salud pública y el desarrollo de infraestructura para evitar pestes. Desde ese momento el estado nacional centralizó y expandió la planificación y ejecución de las obras hídricas y cloacales en la Provincia. Inaugurándose en 1923 la histórica sede en la calle Belgrano de la Ciudad de Mendoza. En 1980, los servicios se transfirieron a la provincia donde surgió Obras Sanitarias Mendoza (OSM).
En los años´90 la empresa se privatizó en OSM S.A., con la concesión mayoritaria de una empresa francesa de prestigio internacional. Se le atrasaron las tarifas, luego la obra de infraestructura y en 2010 se le rescindió el contrato. Al hacerlo fueron presa política de los gobiernos radicales y peronistas que habían estatizado todo. Este es el punto donde estamos hoy. A nivel nacional la empresa AySA carece de los mismos procedimientos de transparencia: estuvo en manos del estado y ahora la vuelven a privatizar. Pero siempre aparecen los mismos nombres de empresarios. Y tanto la nación como la provincia tienen que asumir el costo internacional ante el Tribunal de Arbitraje Internacional (CIADI) por la mal estatización.
En definitiva, los funcionarios ganan siempre con las privatizaciones, con la estatización, con el atraso y con el aumento exponencial de tarifas, ¿y quiénes son los que pagan las consecuencias?: los habitantes. Comparando con el área donde tengo responsabilidad de representación de los vecinos en la Capital, el intendente encubre a Aysam con obras que incomodan más que lo que le mejoran al ciudadano. Sumado a que las tarifas municipales están dos veces y media menos actualizadas que las de agua. Uno se pregunta: ¿esto es culpa de los intendentes, de la provincia o es la caja común de donde vive la política?
El problema se extiende aún más y casualmente el ojo de la tormenta apunta al ex presidente de Aysam. Hace unos años estuvo a cargo de un área sensible “Ambiente y Ordenamiento Territorial” con el mismo gobernador, intendentes y organismos de control. Otorgó inexplicablemente a una firma de tres mega empresarios 12 mil hectáreas en Malargüe con minerales, agua y glaciares. Supuestamente para el desarrollo de un polo turístico con un centro de esquí de alta jerarquía. Mientras que los más importantes del mundo están entre las 800 y 1100 hectáreas. Justo en un momento que sospechosamente se está hablando de extranjerización de tierra. No se trata entonces de si está bien o no está bien rota una calle; si se demora o no una obra, si los intendentes hacen vereda; sino ¿qué negocio oculto hay en todo esto? Ya no son pruebas, no son sospechas, son la certeza que atrás hay un inmenso aparato empresario vinculado con funcionarios políticos.
*El título de esta nota surge en relación con la serie de crónicas periodísticas y literarias que escribió Roberto Arlt entre 1928 y 1933 en el diario El Mundo de Buenos Aires en una sección llamada Aguafuertes porteñas. Nombre que hace referencia al grabado artístico por la idea de dejar trazos marcados y profundos de la realidad. Sus temáticas retrataban la vida cotidiana, las calles, personajes típicos y el habla popular.
* El autor es Concejal por la Municipalidad de la Capital.