La venganza será terrible

Los embates del presidente Milei contra algunos empresarios nos indican que él es promercado, no proempresario. Una diferencia significativa. Madanes la puede explicar perfectamente: la venganza será terrible.

Si fuera un partido de tenis, el umpire debería decir “set Sr. Milei”. Con tres leyes aprobadas al hilo, el oficialismo completó su juego sin mayores contratiempos en la etapa de las extraordinarias. El mecanismo de acuerdo político luce aceitado. Definitivamente, la integración de la Pato y el Colo le puso volumen y solidez a la mesa estratégica. Los gobernadores dialoguistas acatan y los bloques libertarios ya no dan la imagen de “la banda está borracha”.

La que está borracha es la banda de enfrente, a la que se le siguen desgajando músicos en el senado, llegando a su peor momento desde 1983. Más allá de su crisis estructural, el pero-kirchnerismo no tiene conducción y a nadie se le ocurre una idea. Axel sigue en pugna no solo con el cristinismo, sino que también se le estaría desarmando el cuadro de aliados que lo llevó a la elección provincial del 7-S. En función del aliento que empuja a LLA, los territoriales plantean un nuevo desdoblamiento para escaparle de nuevo a una eventual ola violeta. El tema es que el gobernador necesita a los intendentes para que movilicen en la presidencial, pero da toda la impresión que es una instancia que ya a nadie le interesa. En esa necesidad de desacoplarse, curiosamente los jefes locales van a encontrar una comunión de intereses con La Cámpora, a quien tampoco le importa el futuro de Kicillof, sino salvaguardar su porción del paquete accionario bonaerense. ¡Qué dinámico que es todo! Hasta Pichetto volvió a hablar con la jefa y el proyecto Gebel parece ponerse en marcha. El éxito del león genera profundas confusiones (y pérdidas de tiempo) en todo el arco no libertario.

Con todo, el peronismo en su versión actual es algo así como el último de los mohicanos en la historia latinoamericana. Todos los de su especie han desaparecido o están en vías de hacerlo, como el PRI en México. En la vecina Bolivia, el MAS -la fuerza de Evo Morales- luego de 20 años en el poder, luce un proceso de osteoporosis grave: dividido y a merced de la caza de otros actores ávidos de repartirse lo que queda de su otrora poderoso ejército. Así es la política en la era de la liquidez.

La confusión no es solo patrimonio de la oposición. Esta semana hubo dos personajes del mundo empresario que cometieron sincericidio y le dieron letra al líder libertario para retomar un ítem de su batalla cultural. Acá lo que se debe señalar no es tanto el poco sentido de la oportunidad de ambos emisores por respeto a sus congéneres -con amigos así…- sino todo el desparramo que produce en el statu quo previo el nuevo oficialismo. Pocos actores del subsistema que se quiera considerar -político, económico, sindical, etc.- parecen resistir el cambio de época. No es tan relevante si al modelo Milei le va bien o no, sino cómo sintonizar con las nuevas coordenadas de la sociedad y el mundo. El / la que encuentre la nueva llave será el siguiente rey / reina.

Otro que hizo declaraciones curiosas fue Mauricio Macri. Más allá de su lectura histórica entre el nivel de vida de los reyes del pasado con los pobres de ahora, se mostró moderado -pidió gradualidad en la apertura comercial- y le mandó un mensaje al presidente: que es mejor dedicarse a gobernar bien que a armar un partido político. También estuvo reflexivo sobre la obsesión contemporánea por el consumo y las dificultades de hacer política en la actualidad, como alguien que ya no está pensando en cargos, sino en liderar como referente, más allá del bien y del mal. ¿Es esto lo que lo hará llevar un candidato propio en una primaria con LLA?

Mientras avanza la máquina violeta, la sociedad post elección no se siente muy cómoda. El nuevo registro del Índice de Confianza en el Gobierno de la Universidad Di Tella volvió a marcar un descenso por tercer mes consecutivo. Como anticipamos a fines de noviembre -el último mes que creció- lo más probable es que hubiese tocado un techo hasta nuevo aviso. ¿Por qué? Porque no solo hay que ver los números fríos, sino también el componente cualitativo. El 26-O la mayoría le dio un crédito al Javo, aunque no estaba plenamente satisfecha con lo que venía sucediendo (cuando parecía que iba a recibir un gol en contra, Trump se calzó el buzo de arquero y despejó la situación). Recordemos que el mensaje fue “te doy un aval para sigas haciendo, pero bajá el tono, sé más sensible y recuperá el empleo y los salarios”. ¿Los tres meses en baja son leves? Sí, pero lo que importante es la tendencia. El registro de este febrero es un 7 % por debajo del mismo mes de 2025. La semana pasada ya habíamos notado la caída en el índice de confianza del consumidor y el índice Líder de la misma casa de estudios (el cual anticipa tendencias macro).

En esta línea, varios analistas políticos y económicos han manifestado su preocupación por una amenaza particular: que la sociedad pierda la paciencia por el camino y no se consolide este camino de reformas. Es un temor legítimo, ya que la economía de calle sigue sin despegar (los índices de la Di Tella lo atestiguan). Ya sabemos que la inflación no bajará mucho este año, que a los salarios les costará recuperarse y que Argentina crecerá, pero menos que en 2025. Los mercados se muestran ansiosos porque no salimos a tomar créditos en el exterior, disparando el riesgo país, aun cuando el Central “la está rompiendo” con la acumulación de reservas (nunca es tarde cuando la dicha es buena, podría decir Bausili).

Después de ganar la elección de medio término en 2017, el ex Emir de Cumelén hablo de la era del “reformismo permanente” (pese a las toneladas de piedra). El Javo está en la misma tónica: me dieron un aval para avanzar y lo voy a utilizar al máximo, porque es lo que hay que hacer, guste o no. Eso es liderazgo, sin duda. El punto es conservarlo de los avatares de la historia. Los embates del león contra algunos empresarios nos indican que él es promercado, no proempresario. Una diferencia significativa. Madanes la puede explicar perfectamente: la venganza será terrible.

* El autor es consultor político.

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